Película: Dos días, una noche

Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne son lo más parecido que hay aquende el Canal de la Mancha a lo que representa allende Ken Loach: hacen siempre un cine social, un cine comprometido, donde aparecen figuras marginales, o de extracción social baja, cuando no directamente lumpen, y sus problemas con frecuencia de mera supervivencia, que tan poco (y tampoco) suelen aparecer en el cine al uso, ni en el comercial ni siquiera en el indie.


Películas como La promesa, Rosetta o El niño les han conferido un prestigio que (lo diré pronto) me parece exagerado. Es cierto que su temática es ejemplar en estos tiempos aciagos, poniendo en el escaparate a aquellos que nunca tienen acceso al festín de las sociedades occidentales, pero también que esto es cine, y de eso los hermanos Dardenne están cortitos con sifón. Su cine es, de tan realista, ramplón, elemental, a ratos simplicísimo. Carecen de un estilo que se pueda llamar así, como no sea escrutar con su cámara los rostros de sus devastados personajes para estudiar las reacciones que en ellos provocan las duras peripecias que, inevitablemente, les acontecen.


Hablamos de Loach, y viene al pelo, porque mientras que estos hermanos belgas (por cierto, ¿por qué adjudican a los belgas, en Francia, el papel que se reserva en España a los leperos? Mejor no preguntar…) son esforzados, valientes en sus temáticas, bizarramente hermanados con los que menos tienen, Loach es igualmente bravo en la denuncia de injusticias sociales, económicas, laborales, etc., pero hace mucho mejor cine. O dicho más llanamente, hace cine. El inglés es capaz de montar potentes escenas galvanizadoras que levantan metafóricamente al espectador de su asiento, con alguno de esos “tour de force” tan característicos suyos, en los que caldea cada vez más una alegórica olla a presión hasta que revienta. Esa capacidad casi taumatúrgica loachiana no la tienen los hermanos Dardenne ni por asomo. El cine de los belgas es realista, naturalista, a ratos casi documental. Está bien su llamado a la solidaridad en tiempos de egoísmo, en tiempos de esclavismo empresarial, pero estamos hablando de cine, y cualesquiera temas han de estar revestidos de cine.


Una mujer de treinta y tantos, en la Bélgica actual: en la empresa de placas solares en la que trabaja, tras reincorporarse después de una depresión, sus compañeros se ven compelidos a elegir entre mantenerla en su puesto de trabajo o cobrar ellos su bono anual (algo así como la paga extra en España, para entendernos), con el previsible resultado. La despedida en ciernes tendrá un fin de semana para intentar convencer a sus colegas de que reviertan su voto y acepten su permanencia en la empresa. Como era de prever, encontrará de todo, con un desenlace algo inesperado pero de alguna forma esperanzador.


El cine de los Dardenne suele presentar una mirada casi invariablemente pesimista. Tanto es así que, como uno está siempre pensando en los titulillos de sus críticas, había pensado titular ésta, si se cumplía la habitual norma dardenniana, como “Don Pésimo en Valonia”, recordando aquel delicioso personaje imaginado por Escobar en las viñetas de los tebeos de Pulgarcito & Co. en la España de los años cincuenta y sesenta. Ese final medianamente optimista, dentro de lo que cabe, nos ha aguado el titulillo (eso sí, yo lo pongo aquí, que no está la cosa para desperdiciar nada…).
Marion Cotillard vuelve a hacer uno de esos papeles intensos que ella tan bien recrea, en este caso sin ínfulas ni elitismos, como una personita de a pie, zarandeada por destinos tan cotidianos como perder el empleo, enfermar, quizá perder la cabeza.


 


Género

Nacionalidad

Duración

95'

Año de producción

Trailer

Dos días, una noche - by , Nov 04, 2014
2 / 5 stars
Como Loach pero sin su talento