Película: Dunkerque

A finales de mayo de 1940 las tropas del British Expeditionary Force (BEF), la fuerza terrestre inglesa enviada por el Reino Unido a Francia, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, fue hostigada y acorralada por la poderosa Wehrmacht, el ejercito terrestre nazi. Con más de doscientos mil efectivos anglosajones en tierras francesas, el Alto Mando británico montó lo que la Historia conoce como la Operación Dinamo, con la que se esperaba poder repatriar poco más del quince por ciento de las fuerzas destacadas en el Continente. La base de operaciones debía ser la localidad norteña francesa de Dunkerque, pero su puerto estaba en pésimas condiciones, inutilizado salvo un espigón que sólo podía usarse en marea alta. Contra toda esperanza, la inacción (salvo incursiones esporádicas) de la Luftwaffe, la temible aviación nazi, al parecer por orden expresa de Hitler, en uno de esos misterios que nunca se resolverán, hizo que las tropas británicas pudieran volver en su inmensa mayoría al Reino Unido, bien en transportes militares, bien en una flota de pequeñas embarcaciones civiles que cruzaron el Canal de la Mancha a tal efecto, aunque sobre esta aportación civil se orquestó una leyenda exagerada.

Esa operación, que en puridad se puede considerar una derrota sin paliativos, tuvo la virtud de resultar, a la postre, casi una victoria, fundamentalmente porque la defección de la Luftwaffe permitió repatriar a una cantidad de compatriotas muy superior a la esperada. El vibrante discurso de Churchill y la participación civil puso el resto, y lo que fue una derrota humillante pudo considerarse por los aliados como un gesto de valor excepcional. Sobre cómo el gobierno británico rentabilizó propagandísticamente este asunto se ha hecho un filme muy recientemente, Su mejor historia (2016).

Christopher Nolan, probablemente el más estiloso de los directores surgidos en este siglo XXI, afronta su primer filme bélico, y lo hace, como ya parece su carta de naturaleza, cambiando los esquemas habituales en el género; ya lo hizo con el thriller, en la seminal Memento (2000) y la inquietante Insomnio (2002), y con el cine de superhéroes con la trilogía iniciada por Batman begins (2005), continuada esplendorosamente por El Caballero Oscuro (2008) y culminada muy bien por El Caballero Oscuro. La leyenda renace (2012).

Aquí plantea su película en tres escenarios geográficos distintos, todos ellos en el entorno de Dunkerque: El espigón (donde se apiñan soldados intentando escapar en el único muelle con cierta capacidad de carga), El mar (en el que transcurre la acción de uno de los botes civiles que acudieron al llamado de las autoridades para rescatar soldados) y El aire (que cuenta la batalla aérea entre una pequeña escuadrilla británica y varios aviones nazis). Esos tres escenarios geográficos se desarrollan a su vez en tres momentos temporales: el primero durante una semana, tiempo en el que se tuvo lugar la evacuación marítima; el segundo durante un día, en el que los botes civiles cruzaron, en una singladura de ida y vuelta, el Canal de la Mancha; y el tercero durante una hora, escaso tiempo en el que los cazas Spitfires ingleses intentaron proteger a los soldados durante la evacuación.

Los tres tiempos geográficos y temporales están hábilmente trenzados entre sí. Para ir de lo particular a lo general, tres serán los protagonistas de esos tres espacios, aunque en realidad el protagonismo se puede considerar coral. Los tres protagonistas serían: en El espigón, el soldado anónimo que busca escapar de aquel infierno, alguien que no quiere ser un héroe sino volver sano y salvo a su tierra, a su gente; en El mar, quizá el personaje central sea el del patrón del bote, un hombre ya maduro (espléndido Mark Rylance, como siempre), que sabe que ha de hacerse lo correcto, y lo hace, aunque pueda costarle la vida, también de la de su hijo adolescente; en El aire sería el último piloto que aterriza, aquí sí en una de esas gestas heroicas tan queridas por el gran público. Por tanto, una combinación de gente corriente, gente honesta, gente heroica: gente.

La intersección de las tres historias funciona; me gusta especialmente el tono de la acción que se desarrolla en torno al espigón, unos días de caos que, si no fueron exactamente así como ocurrieron, debe estar muy cerca de ello, un tiempo en el que miles de soldados, ahítos de miedo, esperaban la posibilidad de escapar de un infierno tan temido, un tiempo en el que la heroicidad parecía cosa de otro mundo.

Nolan, queda dicho, es uno de los grandes estilistas del cine de este siglo XXI; si no se considera blasfemo, cinéfilamente hablando, diría que es el equivalente al Scorsese del siglo XX. Su película tiene hechuras de gran filme, y está rodado irreprochablemente. Los efectos digitales son prodigiosos: por una vez, y sin que sirva de precedente, no se ve el truco, toda la panoplia de F/X están desarrollados sin que “cante” en ningún momento.

Eso sí, tengo que reconocer que la música de Hans Zimmer, habitual compositor de Nolan, resulta bastante insufrible, huyendo de la armonía y recurriendo a inacabables “crescendos” de intriga. Es cierto que, si lo que se pretendía era provocar la incomodidad del espectador para que sienta la angustia del soldado a la espera del rescate, con perspectivas de ser masacrado, consigue plenamente su objetivo. Si ese objetivo es el más adecuado, es más discutible. Tengo para mí que Zimmer ha tensado demasiado el arco, y que hay un punto en el que lo que resultaba novedoso termina cansando.

Por lo demás, queda dicho de la factura técnica que, como era de prever, es irreprochable. De la fotografía, que consigue grandes momentos con las brumas del norte francés, se encarga el suizo Hoyte Van Hoytema, que ya trabajó con Nolan en Interstellar (2014) y al que se le descubrió internacionalmente con la ominosa fotografía de Déjame entrar (2008), en su original versión sueca. Entre los intérpretes, aparte del siempre grande Rylance, habría que citar a Tom Hardy, que aunque tiene un papel apreciable, apenas si se le ve la cara (es cierto, como en su personaje de villano de El Caballero Oscuro. La leyenda renace) con la máscara de oxígeno que porta en casi todas las escenas en las que aparece. A Kenneth Branagh lo noto un tanto apático, como si no tuviera demasiado claro cuál era su papel, a la sazón comandante de la Marina Británica; Cillian Murphy apecha con el personaje menos vistoso, más feo, el soldado traumatizado que quiere volver a todo trance a Inglaterra, aunque ello suponga abandonar a los suyos.

Christopher Nolan confirma, a nuestro entender, su primacía en el cine comercial moderno. Tiene capacidad para montar grandes espectáculos en los que, sin embargo, laten pequeñas historias, vivencias de gente anónima que solo busca sobrevivir. Esa mezcla entre grandes artificios y emociones corrientes quizá sea la clave de su éxito. Eso y, por supuesto, su evidente (a juicio de quien escribe) maestría cinematográfica y su capacidad para saber qué le interesa al público, sin que eso suponga tomarle el pelo, como tan frecuente es…


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107'

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Dunkerque - by , Jul 23, 2017
3 / 5 stars
Tres escenarios con un protagonismo coral