Película: El bar

Parece que Álex de la Iglesia le ha tomado el gustillo al thriller, aunque siempre irisado de comedia, en su vertiente “grotesque”. Porque en Balada triste de trompeta (2010) y Las brujas de Zugarramurdi (2013) el género determinante era el thriller, por encima de la comedia negra, que generalmente ha sido su marca de fábrica, y no digamos en Los crímenes de Oxford (2008), donde no había ni gota de humor.

El bar es una aportación más, interesante, como casi siempre en el cine del vasco, a un tipo de película que intenta conjugar, generalmente con tino, la comercialidad con la exposición de asuntos sociales que puedan llegar más fácilmente a un público heterogéneo. Aquí ese tipo de asuntos sociales girarían, entre otros, en torno a cómo se comportarían los seres humanos en situaciones extremas en las que peligrara su vida, pero también sobre la displicencia, por no decir el desprecio, hacia el marginal o hacia la baja estofa. Temas que están ahí, que rondan toda la trama, aunque es cierto que subyacen diluidas en la vertiginosa acción que prácticamente se mantiene durante todo el filme, con un ritmo que ya es otra de las marcas de la casa: el cine de De la Iglesia no concede respiro, y con mayor o menor fortuna, se puede decir de él que nunca aburre, lo cual, hablando de cinematografía, ya es todo un elogio.

Madrid, en un barrio popular del centro. Varias personas toman un café, o desayunan, en un bar situado en las inmediaciones de una plaza. De buenas a primeras, cuando uno de ellos sale del local, es abatido de un disparo. La calle se queda desierta, y un segundo hombre que sale para auxiliar al primero es también alcanzado por una bala. El terror se apodera de las personas que quedan en el bar, gente de toda laya: la chica que va a una cita amorosa concertada por internet, el hipster, el expolicía, el viajante de comercio, la ludópata…

Por supuesto, el guion tiene flecos que quedan sueltos, y con alguna frecuencia los personajes se comportan de forma incoherente. Pero el conjunto funciona, la narración es fluida y las sorpresas se suceden, en una suerte de brillante montaña rusa que comienza con un largo y complejo plano secuencia en plena plaza de Madrid y a los pocos minutos ya está encarrilado a través de una espiral de acción y violencia protagonizada por gente corriente, gente zarandeada por el destino que los puso donde no debían en el peor momento posible.

Es cierto que De la Iglesia y su coguionista habitual, Jorge Guerricaechevarría, tienen un muy pobre concepto de los seres humanos, y sus personajes, gente del montón, suelen actuar bajo criterios de mezquindad, cuando no de encanallamiento. Menos mal que al final habrá alguna redención…

Sus intérpretes son sus habituales de los últimos años, desde Blanca Suárez a Mario Casas, pasando por Carmen Machi o Jaime Ordóñez, hasta gente que lleva con De la Iglesia mucho más tiempo, como Terele Pávez. Todos ellos están razonablemente bien, se les ve implicados en un rodaje que, sobre todo en su última parte, se adivina debió ser muy duro.

El resultado es un más que digno producto comercial que no desdeña hablar de temas lacerantes, todo ello en una clave entre la intriga, la acción y la comedia siniestra. No estamos precisamente sobrados de empeños como este de Álex de la Iglesia, que sigue haciendo un cine coherente y atractivo, con independencia de que esté más o menos afortunado en cada momento.

En El ángel exterminador (1962), una de las obras fundamentales de Buñuel, un grupo de personas se mostrará incapaz de salir de una estancia; aquí se reproduce la situación entre las estrechas paredes de un bar; claro que a lo mejor en este caso lo del ángel exterminador no es un metáfora, sino algo más tangible…


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102'

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El bar - by , Mar 29, 2017
3 / 5 stars
El ángel exterminador se toma un café