Película: El Caballero Oscuro A raíz de Batman begins comentaba mi tesis de que los “autores” (quítenles las comillas, si quieren…) no son los directores más apropiados para hacer cine de género, como esa variante del fantástico que bebe en el cómic para poner en escena a los superhéroes más dispares, si bien todos con dos puntos comunes: uno, poseer algún tipo de facultad que le hace superior al común de los mortales; y dos, un gusto más bien dudoso por vestirse con leotardos… Sin embargo, confieso que tras ver este El Caballero Oscuro, me la tengo que envainar: Christopher Nolan es, con toda probabilidad, uno de los escasos autores (pónganles las comillas, si quieren…) que ha dado este siglo XXI del que, cuando escribo estas líneas, aún no se ha cumplido su primera década. Desde su iniciático Memento, que convulsionó las reglas de la sintaxis cinematográfica como no se recordaba desde Godard y À bout de souffle, pasando por su más que interesante Insomnio y no menos estimulante El truco final, Nolan es ya un firme valor del cine de Hollywood que no se queda en la mera tarea de recaudar (lo que, en el caso de este El Caballero Oscuro, ha hecho hasta reventar las taquillas), sino que aporta innovación e imaginación.

Era difícil imaginar qué versión podía hacer Nolan sobre un nuevo episodio de la serie en el que el Hombre Murciélago se enfrentaba, de nuevo, al Joker que hizo muy a su manera Jack Nicholson en el primer capítulo de la saga, Batman, dirigido en 1989 por Tim Burton. Nolan ha optado por olvidarse absolutamente de esa historia, como si no existiera, y hacer su particular encuentro Batman vs. Joker; el resultado es espléndido. El director inglés, afincado en Estados Unidos, opta por una propuesta adulta: su Joker es un personaje impredecible, un adicto al caos como orden natural de las cosas, lo que no le impide perpetrar sus fechorías con una organización y una disciplina digna de mejor causa. Es un anarquista “avant la lettre”, de aquellos que el imaginario popular de finales del siglo XIX y principios del XX describía con una bomba en la mano, redonda, con mecha, dispuesta a ser lanzada contra la autoridad de turno, aunque con frecuencia le diera a un pobre desgraciado que pasaba por allí… Lúcido hasta la extenuación, el Joker que compone el ya difunto Heath Ledger (cuyo testamento artístico no podría haber sido mejor, es cierto) es uno de esos villanos que quedan en la memoria para siempre, a la altura del Hannibal Lecter que inmortalizó Anthony Hopkins en El silencio de los corderos. El sonido de su voz, con ese chasqueo horrísono que parecen provocarle las cicatrices internas de su permanente y forzada sonrisa, es difícilmente olvidable, como lo es su comportamiento, un ser más allá de toda lógica, de toda moral, desapegado al dinero y a cualquier mínima noción de piedad o compasión. Con esos mimbres, una inteligencia prodigiosa y un toque taumatúrgico, casi sobrenatural, el supervillano pondrá de hinojos al propio Batman, aquí más desarbolado, más humano que nunca, hasta hacerle dudar de la propia esencia de su “alter ego”, llegando al sacrificio máximo: ser el héroe proscrito que Gotham necesita para regenerarse.

La mujer demediada entre su amor por Bruce Wayne (el heterónimo de Batman, su Clark Kent, para entendernos), que le supone tanto sufrimiento, y el que siente por el fiscal, con el que imagina un futuro más sosegado, más normal, será una de las piedras de toque de esta historia tan oscura, la más negra de la saga del Hombre Murciélago. La lucha del Bien y el Mal, con mayúsculas, será entonces mucho más una lucha personal, en la que influyen los sentimientos personales de los protagonistas, antes que un enfrentamiento por el cumplimiento de la ley. Hay, por supuesto, escenas de acción realizadas con una perfección extraordinaria, plenas de espectacularidad, como la que terminará con la primera detención del Joker, una secuencia en pleno centro de Gotham (el trasunto urbano de Nueva York, como sabemos), en el traslado del apócrifo Batman hasta la cárcel. Por supuesto, va de suyo en un filme como éste, que aspira a movilizar a las masas hasta las salas de cine; no es habitual, sin embargo, que el filme tenga un tono tan adulto, tan serio, que hable de cosas tan polémicas como el papel de la sociedad ante la delincuencia, o el instinto de la supervivencia ante el inmoral chantaje a lo Saw. Por eso tiene más mérito que esta nueva entrega del serial se eleve sobre la escoria innúmera del cine de acción, para ofrecer al público graves cuestiones en las que pensar, aunque sean envueltas en un ostentoso papel de celofán que, ¡ay!, encubre todo un tratado de filosofía…

El Caballero Oscuro - by , Aug 30, 2008
4 / 5 stars
El héroe proscrito