Película: El Cairo, 678 Cine egipcio del de antes de la revolución, de la Primavera Árabe que ha mandado al sátrapa Mubarak a donde debía, al ostracismo, al juicio correspondiente, con todas las garantías (las que él negaba a sus opositores) y, previsiblemente, a la cárcel de por vida, aunque no parece que le quede mucha. Y lo cierto es que, inevitablemente, una película de este tipo planta un tema que en el llamado Occidente es que ni se propondría, por su imposibilidad cuasi metafísica. La temática del filme, basado en hechos reales, es la problemática del país de los antiguos faraones sobre el acoso sexual a las mujeres en los transportes públicos. Según parece, allí es una plaga, con hombres más calientes que la pipa de un indio sometiendo a tocamientos, roces, etcétera, a las féminas que se aventuran a tomar los autobuses; además, para terminar de arreglar el tema, resulta que es un asunto tabú en aquel país, de tal forma que las mujeres no se atreven a denunciar porque la sociedad las tacha entonces de provocadoras y otras lindezas.

Es obvio que este es un filme que, con nuestra perspectiva, parece hablarnos, en pleno siglo XXI, de posturas del XIX, como mínimo, pero es también evidente que hay que situarse en la sociedad egipcia de hoy día, fuertemente influenciada por un islamismo cada vez más poderoso (recuérdese que los Hermanos Musulmanes son el grupo más influyente del país, incluso por encima de la incipiente sociedad laica), por lo que la situación de la mujer no es precisamente para tirar cohetes. Por eso la importancia de esta película no es tanto su rotundidad (que no es tal: al final flojea de manos de forma lamentable, poniendo sobre la mesa la duda de si no serán las mujeres de corte más liberal las que provocan estos desmanes de los machos salidos) como su propia existencia. Si ha habido un equipo que ha decidido hablar de un anatema como éste, bienvenido sea, aun cuando su aportación, desde un punto de vista puramente cinematográfico, sea limitada.

Mohamed Diab, hasta ahora guionista, afronta su debut en la dirección con este filme que podríamos considerar de tesis, aunque se vea obligado a hacer algunas concesiones al conservadurismo rampante de la sociedad de su país. Cinematográficamente hablando, Diab juega con algunos recursos habituales en el cine occidental, como la confluencia solapada de varias líneas argumentales que confluyen en un determinado momento espacio-temporal (cfr. la secuencia de la bajada de la protagonista del autobús tras la primera agresión sexual que aparece en el filme, escena sobre la que pivotan las distintas historias que se cuentan). También hay un momento de notable buen cine en la escena en la que el agente de policía que investiga los hechos acaecidos (el apuñalamiento en salva sea la parte de algunos abusadores a manos de mujeres acosadas) entra en la habitación en la que su mujer acaba de morir de parto: la escena, con la ayuda del contraluz de la ventana, produce una rara sensación de irrealidad, de vértigo, como la propia sensación que el noqueado policía siente en ese momento, cuando la realidad le supera y todo es terrible y negro.

En definitiva, cine bienintencionado y que ojalá sirva para que en Egipto evolucionen hacia una situación con respecto a la mujer que la haga igual al hombre; no valen invocaciones a civilizaciones o culturas diferenciadas: no puede llamarse civilizada una sociedad (ni siquiera la que dio al mundo la fastuosa cultura de las pirámides) en la que la mujer tenga un papel subsidiario y donde la afrenta sexual se impute a la víctima y no al verdugo.

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100'

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El Cairo, 678 - by , Oct 12, 2011
2 / 5 stars
Antes de la revolución