Película: El camino a casa Entre las varias etapas de la filmografía de Zhang Yimou destaca una intermitente, la que se acerca a la realidad de la China contemporánea, entendiendo con este término la época que históricamente se desarrolla desde la toma del poder por parte de Mao Zedong en 1949 hasta nuestros días. Esa temática aparece guadianescamente en su cine, casi siempre con irisaciones de historia romántica, pero también casi siempre con un trasfondo de crítica social. No es el caso de esta El camino a casa, que se centra de forma casi monográfica en una bella historia de amor, la del que profesa una chica campesina, en los años cincuenta, hacia el nuevo maestrito del pueblo, y las ingenuas triquiñuelas con las que la muchacha tratará de atraer la atención del profesor. Todo ello rodado en color, como un gigantesco flash-back entre un comienzo y un final, ambos en blanco y negro, donde se nos da cuenta de la muerte del maestro y el deseo de la viuda, llevado a cabo contra toda lógica, de traerse el cuerpo del difunto desde el distante lugar donde murió hasta el pueblo, “para que no olvide el camino de su casa”, todo esto a pie y a hombros de las gentes que le conocieron y amaron.

El camino a casa es, entonces, sobre todo la crónica, sencilla y sin alharacas, de la relación amorosa de un hombre y una mujer, y de los pequeños detalles que la cimentaron, como ese cuenco de raviolis que la chica transporta durante varios kilómetros para intentar entregárselo a su amado que viaja hacia Pekin por alguna de las incurias del férreo régimen comunista de la época.

No es quizá este film de lo mejor de Zhang, pero su cine no sólo se compone de fastuosos espectáculos visuales como Hero o La casa de las dagas voladoras, sino también de estos otros mínimos empeños, mucho más austeros, en los que se habla de amor, o de determinación, o de rebeldía contra el poder omnímodo del Partido (ya se sabe que en los regímenes dictatoriales no hay varios partidos, sino uno solo, y se escribe con una ominosa mayúscula…). Está más en la línea de Qiu Ju, una mujer china, o Happy times, o Amor bajo el espino blanco, y se beneficia, como el resto del cine de su autor, de su intensidad, de su rara capacidad para transmitir sentimientos de fuerte carga emocional.

Hay, también, una apuesta por la educación, con ese maestro elevado a la categoría de héroe anónimo en su pueblo, un hombre que supo educar en las artes y las ciencias a varias generaciones de seres humanos, con escenas de una belleza no sólo plástica, sino sobre todo conceptual, como esa primera lección, repetida a lo largo de los años, recitada por el maestro y repetida con la misma letanía por los nuevos alumnos, toda una declaración de principios sobre el amor al conocimiento.

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89'

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El camino a casa - by , Apr 06, 2013
3 / 5 stars
Un cuenco de raviolis