Película: El camino más largo para volver a casa

¡Ah, Antonioni, cuántos crímenes se cometen en tu nombre! Esta El camino más largo para volver a casa parece concebida no bajo el efectos de tripis (que hubiera sido una opción, aunque con efectos secundarios…), sino más bien tras una indigestión de películas del maestro de Ferrara.


Sergi Pérez, que se estrena en la dirección de largometrajes con este filme (producido, entre otras fuentes, por la cada vez más habitual fórmula del crowfunding), había hecho antes algunos cortos y una TV-movie, y se nota que tiene tablas en la dirección. Otra cosa es que parece estar muy contento de haberse conocido y utiliza todo tipo de recursos cinematográficos típicos del cine de la (in)comunicación: esos planos fijos en los que sucede toda una escena, con personajes que entran y salen de campo; esos zooms lentos, muy lentos, sobre un personaje (el protagonista, el pobre), con música como muy densa y misteriosa; esos planos de nuca, antiguamente la antítesis del cine, aunque ahora todo vale; esa persecución del actor cámara en mano, como si fuera un estrambote del Dogma’95… toda una serie de recursos que aquí saben a huecos, a retóricos, porque ciertamente no se justifica en ningún momento que se recurra a ellos.

Un hombre se despierta por la mañana. Nada sabemos de él, sólo que su perro (de tamaño grande, o muy grande, para ser exactos) parece muy enfermo. El hombre contacta con una clínica veterinaria y carga con el perro hasta la consulta. Sin embargo, inopinadamente, cuando está esperando que lo recojan en el vehículo, se marcha con él y lo abandona en un parque. Cuando vuelve a casa se encuentra con que su juego de llaves de la vivienda se ha quedado dentro del hogar, y entonces empieza toda una peregrinación en busca de alguien que le deje uno de los muchos juegos de llaves que, al parecer, tenía su mujer desperdigadas por familia, amigos, trabajo.

Tiene dicho Pérez que su obra es premeditadamente ambigua, sin querer aclarar ni qué gran tragedia ha asolado al protagonista ni qué clase de shock postraumático le hace actuar a base de impulsos que van desde abandonar al perro de su mujer al que unos momentos antes había ejemplarmente cargado desde la otra punta de Barcelona, hasta estar a punto de un inopinado coito con la dependienta de un bar, casi morrearse con un amigo o conocido, y maltratar físicamente a una compañera de su mujer.


Parece que los autores del filme tenían intención de que el protagonista fuera firme candidato al galardón de Mister Antipático 2014, y en ese caso han dado plenamente en la diana. Pero, ¿saben?, se me da una higa la historia de este mentecato, porque desconocemos su tragedia, y por muy grande que esta fuera, no parece de recibo que lo pague ni con los animales que le confortaron con su compañía y lealtad absolutas, ni con los seres a los que él, o su mujer, o ambos, tuvieron cariño.

Está muy bien contar historias con pinceladas, con esbozos, con atisbos para que el espectador ate cabos y pueda reconstruirlas en su mente. Pero al menos tiene que haber pinceladas, esbozos, atisbos, y aquí lo único que hay es un carajote que es un desastre ambulante y que va pisando callos por doquiera pasa. No vale decir, qué listo soy, ahí os dejo mi película, si no la entendéis es problema vuestro, porque lo primero que hay que hacer, en esos casos, es dar las claves en el propio filme, no en sinopsis ni gacetillas.

Una campaña de prensa de hace unos años, tan loable, presentaba la patética imagen de un perro abandonado y al pie la leyenda “Él nunca lo haría”. La redundancia en este filme de esa figura del perro abandonado, con reiteración y alevosía, confirma que aunque el director tenga claro lo que quiere decir, desde luego el público no tiene ni pajolera idea de lo que es, y me temo que el problema no está en el público…


 


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85'

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El camino más largo para volver a casa - by , Jun 03, 2015
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Él nunca lo haría