Película: El Capitán Trueno y el Santo Grial

La génesis de la adaptación al cine del Capitán Trueno, el más famoso cómic español, data nada menos que de mediados de los años noventa, cuando Juanma Bajo Ulloa (ya saben, el cineasta vasco celebrado por algunos por cosas como La madre muerta, aunque a otros nos pareció un petardo en toda regla) dio en montar la versión cinematográfica del personaje inventado por Víctor Mora, aunque después todo quedó en nada.


Posteriormente, como un guadiana, se ha hablado de nuevos proyectos sobre el guerrero de mandíbula cuadrada, melena al viento y faldita como delantal, o viceversa, aunque no fue hasta hace unos tres años que el tema cuajó. Claro que la cosa fue más complicada de lo que parecía, con disputas entre los fautores del empeño y otras polémicas que, a la larga, han lastrado irremediablemente lo que debería haber sido un hito del cine comercial hispano. El silogismo parecía claro: si el cine norteamericano ha sabido rentabilizar extraordinariamente bien sus cómix, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros, en España, con nuestro personaje tebeístico más conocido, El Capitán Trueno?


Pues, a lo que se ve, lo primero que hay que hacer es tomarse las cosas en serio: si se afronta un proyecto multimillonario como este con el mismo espíritu que el que se monta una fábrica de salchichones, lo más probable es que, como ha ocurrido, el producto esté hecho con desgana, con el piloto automático, con una historia delirante que, en vez de bucear en las buenas líneas argumentales del original, plantea un tema “bigger than life”, con su Santo Grial y todo, como si fuera una variante medievalista de la saga de Indiana Jones.


La historia no se sostiene, la dirección de Antonio Hernández es penosa, como de película amateur, y los intérpretes van descaradamente a llevarse la pasta y poner la mínima intensidad posible, como si despreciaran este producto alimenticio y decidieran que este trabajo es como ir a la oficina a poner sellos. Así, desde luego, no se hace una película que convenza; consecuentemente, el público le ha dado la espalda, y el batacazo en taquilla ha sido de aupa.


Y es curioso porque el director, Hernández, tiene algunos títulos interesantes en su filmografía, como Los Borgia, Lisboa o En la ciudad sin límites, aunque también algunos encargos vomitivos, como El gran marciano, y además últimamente está encenagado en TV movies de cada vez menor interés (véase, por ejemplo, Hoy quiero confesar, biopic de Isabel Pantoja…). Sergio Peris-Mencheta parece haber sido escogido por su parecido físico al personaje concebido por Víctor Mora, mayormente por ser el único actor español con una prominente mandíbula cuadrada, quizá el rasgo más característico del Capitán Trueno. A su lado, la ucraniana Natasha Yarovenko confirma que su fiasco en Habitación en Roma no era casualidad, sino que, efectivamente, la musa Talía no la ha llamado para el arte de la interpretación.


Queda entonces un producto comercial decididamente endeble, con sólo algunos momentos de cierto interés, como la aparición en la secuencia final de unos aerostatos que recuerdan (estos sí) la memorable iconografía de los gadgets que Mora imaginó en algunas de sus historias en papel. Pero no es suficiente, claro, para enderezar un proyecto que podría haber sido una veta, un filón de buen cine comercial, y me temo que se va a quedar en un primer, y único, intento de rentabilizar el personaje de cómic más entrañable de al menos dos generaciones de españoles.


No hace mucho, bajo un cartel de “Se vende” en una vivienda, alguien con mucha mala uva, pero también con clarividencia (a la vista de la depresión económica en la que nos hallamos), escribió “¿a que no?” Pues este El Capitán Trueno y el Santo Grial se cierra con un “continuará” tras el que, mucho nos tememos, habría que escribir también un “¿a que no?”…


 


El Capitán Trueno y el Santo Grial - by , Jan 02, 2017
1 / 5 stars
¿A que no?