Película: El desafío: Frost contra Nixon Ron Howard, por fin, ha crecido. Ya era hora, porque cuando se escriben estas líneas está frisando los cincuenta y cinco años, y ya parece momento de que aquel pipiolo que durante su niñez se hizo popular, con su cara pecosa y su pelo pajizo, en innúmeras producciones Disney, fuera el adulto que físicamente es desde hace tanto tiempo. Porque tras hacer, como director, un buen número de filmes, buena parte de ellos volcados hacia el público infantil y/o juvenil (Splash, Willow, El Grinch), o de descarado carácter comercial (lo que, lamentablemente, equivale a una elementalidad impúber: Cocoon, Llamaradas, Dulce hogar, ¡a veces!, El código Da Vinci), en los últimos años parecía que Howard buscaba un cambio conceptual en su cine: a ello apuntaba Cinderella Man, el hombre que no se dejó tumbar y, sobre todo, Una mente maravillosa.

Ahora, con esta magnífica El desafío: Frost contra Nixon, Howard consigue la mayoría de edad como director cinematográfico, adaptando la verídica historia de las cuatro entrevistas que el periodista británico David Frost realizó al ex presidente Richard Nixon, cuatro años después de que éste se viera obligado a dimitir por el escándalo Watergate. Frost era un periodista televisivo famoso por sus reportajes frívolos, glamourosos: vale decir superficiales. Su atrevimiento al intentar la entrevista del siglo (contra el criterio de su medroso productor), lo que nadie había conseguido hasta entonces, tuvo la fortuna de coincidir con la codicia del ex presidente, cuyo generoso tren de vida precisaba de ser engrasado con grandes cantidades de dólares, y también con la certeza por parte del entorno del ex presidente de que aquel pintamonas, aquel periodista con pinta de lechuguino no podría, en ningún caso, poner en aprietos al maestro en fugas, al mago de las perífrasis, que respondía al nombre de Richard Mallahan Nixon. De aquella agraciada concatenación de ideas surgió la oportunidad de grabar cuatro largas entrevistas, en tres de las cuales el ex se fue de rositas, pero en la cuarta… No destriparemos lo que pasó, aunque es historia y está en los libros… El desafío: Frost contra Nixon (con un título español quizá demasiado explícito y artificial; el original Frost/Nixon resulta mucho más austero, aunque es cierto que en España no hay tradición de títulos así) resulta, de esta forma, un notable ejercicio de cine sobre un asunto histórico, procedente sin embargo de una obra teatral, puesta en escena en Broadway por los mismos dos protagonistas, que están espléndidos: en especial Langella, un actor poco apreciado cuyo mayor éxito data de hace ya treinta años, un Drácula de cierta sensualidad que le puso en primera línea, aunque la dicha duró poco. Ahora, este Frank Langella provecto resulta un Nixon de lo más convincente, a pesar de que le falta el rasgo físico más característico del ex presidente, aquella mandíbula formidable que dominaba todo su rostro; por el contrario, Langella es hombre de mandíbula deprimida, casi inexistente, por lo cual el mérito es mucho mayor: sin parecerse a Nixon, “es” Nixon… No hay mejor elogio.

En cuanto a Michael Sheen como David Frost, lo hemos visto en El reino de los Cielos, en la saga de Underworld y, en su papel hasta ahora más brillante, como Tony Blair en The Queen. Pero está claro que este Frost es su “performance” más cuidada, el personaje más rico en detalles: un pisaverde que se encuentra, de buenas a primeras, por una de esas carambolas del destino, haciendo una entrevista por la que más de uno (y de un millón) de periodistas hubiera matado en su momento. El desafío… supone, entonces, una notable aproximación hacia una catarsis histórica, un momento de la vida de un país que los que tenemos alguna edad vivimos en tiempo real, la agonía de un felón que se resistía a dejar el poder. Aquella entrevista final, pero no sólo ella, arrojó una visión esclarecedora sobre el perfil humano del monstruo, pero también dejó ver el rostro abatido del déspota que cayó, víctima de sus gravísimos delitos. La extraña relación, casi de amor/odio, la fascinante ósmosis que se urdió entre los protagonistas de aquel lance histórico, es el eje central de la película, con aquella llamada nocturna, acaso imaginada, en la que la coraza del ex presidente se vino abajo, para quedar expuesto, casi desnudo, como los hijos de la mar (qué machadiano…), ante los ojos, mejor los oídos, de un pasmado periodista perito en mamarrachadas, abocado casi sin querer a ser testigo de la Historia.

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122'

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El desafío: Frost contra Nixon - by , Feb 14, 2009
4 / 5 stars
Perífrasis, catarsis, ósmosis