Película: El destino de Júpiter

Parece que los hermanos Wachowski, Andy y Lana (antes Larry), pasarán a la Historia del Cine por Matrix, aquel filme que puso patas arriba la concepción del espacio y de la realidad virtual, jugando con el concepto del programa informático y la posibilidad de que nuestras vidas no sean sino un juego de ordenador, sin nosotros saberlo. A aquel deslumbrante juego de filosofía y estética, que creó escuela, le siguió en menguante interés las dos sucesivas (y sobrevenidas) partes de la trilogía, Matrix reloaded y Matrix revolutions, hasta que fue evidente que el envoltorio se había comido el mensaje y no había más cera que la que había ardido en el primer episodio de la imprevista saga.

Antes de aquel hit, los Wachowski habían hecho un thriller erótico, Lazos ardientes, que no tuvo demasiada buena acogida crítica, aunque me pareció bastante más interesante que lo que el personal quiso ver. Después de la trilogía lo cierto es que su filmografía no ha sido precisamente brillante, con una infumable Speed Racer, y su posterior El atlas de las nubes, con el alemán Tom Tykwer de codirector (como si les hiciera falta refuerzos…), tampoco despertó lo que se dice entusiasmos.

El destino de Júpiter es un regreso al cine de ciencia ficción, género en el que lograron su más importante logro, y ahora de nuevo con un “gran-tema”, en este caso la posibilidad de que exista una raza de extraterrestres, con forma de corporación empresarial que mantiene sojuzgada, sin saberlo, a la raza “térrico”, como llaman estos gentiles hideputas, con familiaridad coloquial, a los seres humanos… En ese contexto, tenemos a una joven, enteramente una versión actualizada de Cenicienta, que resulta ser a la vez la mesías de unos y la diana de otros, porque la corporación alien resulta que tiene varios hermanos que ensayan su particular juego de tronos… Ahí es donde entra nuestro protagonista, que parece un cruce entre el Lobezno de X-Men y el Deckard de Blade Runner...

El meollo del filme, aquel que nos viene a decir que los humanos, en su conjunto como raza, no somos sino carne de cañón (en sentido cuasi literal…) de la poderosa corporación de turno, no deja de ser una curiosa metáfora del capitalismo, o al menos de ese capitalismo salvaje, sin rostro humano, que concibe la empresa como la forma de multiplicar “ad infinitum” sus beneficios a costa de exprimir, textualmente, a sus empleados.

Por supuesto que la película tiene valores: todo el diseño de producción es costeadísimo, y los 120 millones de dólares que ha costado se ven en pantalla. Hay ideas, hallazgos muy interesantes, como las prodigiosas botas que permiten al protagonista surfear, literalmente, por el aire, y que nos depara extraordinarias secuencias de acción y adrenalina. Pero el conjunto no termina de convencer: a ratos parece que estamos en los carnavales de Río, con tanto disfraz tan de diseño como disparatado, tantos modelitos que parecen concebidos en un “viaje” lisérgico.

Channing Tatum parece estar especializándose últimamente en héroes de acción (la serie de G.I. Joe, Asalto al poder), aunque también tenga su lado romántico (Querido John, Todos los días de mi vida) y hasta de “stripper” (Magic Mike y su prevista secuela, Magic Mike XXL, que esperemos no sea una alusión al tamaño…). Me sigue pareciendo, no obstante, un actor bastante limitado. La ucraniana (de origen) Mila Kunis es la improbable Cenicienta de este cuento adulto. Entre los secundarios nos quedamos con un Eddie Redmayne en un registro muy alejado de su personaje de Stephen Hawking en La teoría del todo.



Nacionalidad

Duración

127'

Año de producción

Trailer

El destino de Júpiter - by , Feb 16, 2015
2 / 5 stars
Metáfora del capitalismo