Película: El diablo sobre ruedas En 1972 Steven Spielberg, que después sería un dios en el cine, era un pipiolo veinteañero que luchaba por abrirse camino en la industria audiovisual, en concreto en su pariente pobre, la televisión, y ya había rodado algunos episodios de míticas series catódicas como “Marcus Welby, doctor en Medicina”, “Audacia es el juego” y hasta “Columbo”. Como buen aficionado a las historias de suspense y terror, Spielberg tenía en alta estima a Richard Matheson, el recordable autor de la novela y el guión de “El increíble hombre menguante”, uno de los clásicos del cine de ficción científica, fantasía y terror de los años cincuenta, además de novelista de prestigio, autor de otro gran clásico, “Soy leyenda”, repetidamente llevado al cine. Matheson era también autor de un relato que se ajustaba con precisión al tipo de historia que buscaba Spielberg, con pocos medios pero muchas posibilidades de lucir su talento como autor cinematográfico. Esa “TV movie” o película hecha para televisión fue “Duel”, que se estrenó en España algunos años después con el título “El diablo sobre ruedas”, y que en toda Europa se exhibió en salas de cine, con regular audiencia, si bien el posterior éxito de “Tiburón” le confirió un segundo aliento en su carrera comercial.
Lo cierto es que “El diablo sobre ruedas” tiene méritos por sí sola como para concitar el interés del aficionado. Es cierto que el tiempo ha hecho mella en su “look” (el cine de los años sesenta y setenta ha envejecido muy mal, al contrario que el de los años cuarenta y cincuenta), pero su meollo se mantiene incólume, el mecanismo de precisión montado por Spielberg y su guionista Matheson, con un muy bien dosificado “crescendo” del suspense, en el desigual duelo entre el protagonista (un Dennis Weaver que hace el papel de su vida), un pobre hombre incapaz de enfrentarse al tipo que, en su propia cara, le ha intentado “levantar” a su mujer, y el fantasmagórico conductor de un camión inmenso, de velocidad prodigiosa y una ilimitada capacidad para perseguirle hasta el fin del mundo, dispuesto a acabar con el pobre infeliz que se sentirá como el mínimo ratón perseguido por el orondo, omnipotente, omnisciente gato.
Spielberg juega en todo momento con el particular universo de la carretera: desde ese original primer plano del filme, con el coche saliendo marcha atrás de la oscuridad del garaje hasta embocar las calles de la segura ciudad, hasta ese final en el culo del mundo, allá donde ni siquiera quedan ya carreteras, pasando por toda la parafernalia de las autovías yanquis, con sus cafés de carretera, sus autobuses de excursiones escolares, sus pasos a nivel con barrera; todo es utilizado en provecho de la creación de una atmósfera asfixiante, progresivamente perversa, donde el infeliz conductor irá sumergiéndose, a resultas del creciente acoso de ese ente casi espectral que se esconde en la oscura cabina del camión, ese diablo sobre ruedas al que alude el título español, bastante más literario y obvio que el original “Duel”.
Como suele suceder, en esta pequeña cinta, primitiva y escasa en medios presupuestarios, está lo mejor y lo peor de Spielberg, todo lo que, con el tiempo, ha ido desarrollando; lo mejor, su capacidad para inventar, para crear “ex nihilo” (o como si lo fuera: no se notan en exceso sus influencias), un creador cinematográfico; lo peor, su tendencia a la comercialidad, a ser demasiado tributario del “feedback” del público y, consecuentemente, de la ansiedad por los dólares corriendo por la taquilla.
Pero quedémonos con este ejercicio de puro cine (aunque sea hecho en formato televisivo), hora y media de percutante, creciente tensión, en la que, por una vez, y sin que sirva de precedente, el ratón venció al gato…

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90'

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El diablo sobre ruedas - by , Aug 02, 2007
4 / 5 stars
El gato y el ratón