Película: El doble del diablo El cineasta neozelandés Lee Tamahori llamó la atención de la industria yanqui a mediados de los años noventa con la curiosa Guerreros de antaño, que hablaba, en clave actual, de las tradiciones maoríes de su tierra natal, en un filme agradable cuyo moderado éxito internacional le facilitó su debut en Hollywood con Mulholland Falls, la brigada del sombrero, desinflado thriller de tema mafioso que evidenció cierta tendencia a la superficialidad, eso sí, literalmente muy bien vestida…

Varios títulos menores aunque arropados por buenos actores (Anthony Hopkins en El desafío, Morgan Freeman en La hora de la araña) le permitieron sin embargo acceder al que puede considerarse el punto culminante de su carrera, el rodaje de Muere otro día, un percutante Bond, un vistoso episodio de la serie 007, con Pierce Brosnan en su mejor momento como el agente secreto de Su Graciosa Majestad con licencia para matar, con excelente química con la chica Bond de turno, para la ocasión la oscarizada belleza negroide de Halle Berry. En fin, un dulcecito que combinaba con acierto acción a raudales con elegancia y clase británicas… y todo eso hecho por un neozelandés de origen maorí...

Pero como tras el momento de gloria generalmente no puede venir otra cosa que no sea peor, Tamahori se vio envuelto un par de años después en un sórdido asunto sexual, que obviamente no detallaremos aquí, pero que parece ha influido poderosamente en su carrera, teniendo en cuenta que tras su éxito bondiano su destino debía ser convertirse en reputado director de artefactos multimillonarios en Hollywood; sin embargo, lo que ha hecho han sido varias mediocridades de medio pelo, cuando no directamente tonterías incomestibles, y ahora ya está haciendo cine en otros países que no son ni el suyo, Nueva Zelanda, ni en el adoptado, Estados Unidos, y con temas cuando menos surrealistas.

Ése es el caso de este El doble del diablo, que resulta ser una coproducción belga-holandesa, con un tema, el vesánico hijo de Sadam Hussein, Uday, y el doble que, según parece, se buscó para prever posibles atentados y, sobre todo, para poder ejercer sin tasa sus sádicos caprichos. La vida de este infeliz que tuvo la desgracia de ser considerado para convertirse en la cara B del déspota es el tema de este olvidable filme, cuyo excesivo metraje se despilfarra en un continuo catálogo de felonías del vástago cabrón, como si no supiéramos ya que, la dictadura del terror, desde Calígula (por poner un personaje histórico sobradamente conocido), no tiene límites en su depravación ni en su crueldad y bestialidad.

Así que nos llevamos todo el metraje del filme enumerando las barbaridades del hideputa mesopotámico, como si Uday, en vez de hijo de Sadam (que no es que fuera un angelito, desde luego…), lo fuera de un tatarabuelo suyo que salía en la Biblia y que respondía al nombre de Caín, y que vivió también por allí, entre el Tigris y el Eúfrates.

El tema podría haber dado mucho más de sí, pero parece que para Tamahori la cuestión era rodar, pegar los planos de forma más o menos aseada y cobrar. Y así, desde luego, no se puede hacer cine con un mínimo de calidad, por más que se vea que Dominic Cooper ha trabajado a conciencia su doble papel, el del felón y su sustituto; su partenaire, Ludivine Sagnier, ha cambiado los exquisitos directores para los que ha trabajado (Resnais, Chabrol, Ozon, Rappeneau) por este cineasta de maneras bastante más toscas y que, sobre todo, ha entendido esta película como un mero trabajo alimenticio.

Así las cosas, el fiasco es total, y lo que podría haber sido una interesante indagación sobre el libertinaje al que aboca el poder absoluto, a poco que se tenga alma de marrajo (como era el caso) y, sobre todo, una reflexión sobre el papel del doble, del otro, del que ha de sustituir al famoso, mayormente cuando éste es un crápula sin alma, se queda en un castillo de fatuos fuegos artificiales, un ejercicio hecho con elementales recursos cinematográficos (esa emboscada final, jugando con la cámara lenta que ya era antigua en la época del espagueti western…), un despropósito.

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109'

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El doble del diablo - by , Dec 15, 2012
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