Película: El embrujo de Shanghai

La nueva película de Fernando Trueba confirma lo que ya sabíamos de él: es un cineasta solvente pero carente de talento real: sus filmes están realizados irreprochablemente, pero les falta un hálito de genio, de verdadera creación artística; por eso se añora la versión que de esta novela de Juan Marsé habría hecho Víctor Erice, quien trabajó en el proyecto durante varios años hasta abandonarlo por diferencias con el productor.


Trueba ha hecho una adaptación vistosa pero más bien vacía: esta historia de preadolescente en la Barcelona de finales de los años cuarenta nos lleva de nuevo al paisaje amado de la infancia de Marsé (ya llevado al cine por Vicente Aranda con mucho más tino en Si te dicen que caí), aquí a través de los ojos de un chaval y su fascinación por una mujer de bandera, su hija tísica y un hombre, amigo del marido y padre, que termina formando casi una familia con las dos féminas. En ese contexto irán apareciendo las crónicas, entre la fabulación y la realidad, de un heroico padre en la resistencia antifranquista, vistas por un cuasi impúber que descubre al mismo tiempo el amor.


Pero el relato, con ser en general atractivo, no trasciende el mero enunciado literario; hay en la película El embrujo de Shanghai más literatura que cine; ni siquiera el triple final, entre la realidad y el deseo, termina de aportar una visión genuinamente cinematográfica al por otro lado loable empeño de hacer cine de altura, costeado y de personajes, como aquí ocurre.


Buena labor de la siempre estupenda Ariadna Gil, mejor en su papel de china adúltera que en el de española alcohólica, y "chapeau" para el sabio Fernando Fernán Gómez, que consigue la rara proeza de hacer, otra vez, de viejo republicano (y van...) y no resultar repetitivo.


 


El embrujo de Shanghai - by , Nov 26, 2015
2 / 5 stars
Más literatura que cine