Película: El gran Gatsby Después de todo, no era tan raro que Baz Luhrmann, el niño terrible (bueno, no tan niño, que ya ha pasado del medio siglo…), versionara a una de las vacas sagradas de la literatura norteamericana, Francis Scott Fitzgerald, y en concreto la que es considerada su obra maestra, El gran Gatsby. Porque después de que Luhrmann hiciera Romeo y Julieta de William Shakespeare, ambientando la inmortal historia nada menos que en Miami, en un contexto de raperos y “drag queens”, que ahora adapte a Scott Fitzgerald tampoco puede reputarse como una blasfemia.

El problema estriba en que esta (por lo demás costeada y esforzada) versión de un clásico de nuestro tiempo está demasiado acelerada, como pasada de vueltas, como si el director quisiera aturdir al espectador, en especial en toda la primera parte, cuando el protagonista (que no es Leonardo DiCaprio, sino el narrador, el personaje interpretado por Tobey Maguire) conoce a Jay Gatsby, el hombre de quien todos hablan, el de las fiestas fastuosas, en el Nueva York de los años previos a la Gran Depresión, pero cuando ya se había derogado la Ley Seca y la ciudad alegre y confiada vivía unos años de despilfarro, descorche y “deshabillé” total. La ciudad rica, se entiende, o la que pasaba por rica: obviamente, los curritos de a pie seguían tan machacados como siempre, entonces, ahora y en el futuro.

En ese contexto el protagonista se verá también seducido por la fascinante figura de Gatsby, un hombre sobre el que se dicen muchas cosas pero del que realmente no hay una información fiable, si bien todas las fuentes apuntan a una infancia paupérrima, a un golpe de suerte que él, con una voluntad férrea, supo rentabilizar, y una adhesión a elementos de equívoca legalidad que le depararía la posición envidiable de mecenas de tanta juerga, de tanto fiestorro, de tanta superficialidad.

Pero ese hombre que se esconde tras la máscara de otro hombre, acaso inventado por él, acaso imaginado por los demás, tiene un secreto, un deseo, una ambición más allá de cualquier otra: recuperar a la mujer que una vez amó, cuando era un Don Nadie (un John Doe, dicen los yanquis), y para ello usa los servicios de nuestro protagonista, pariente de la bella, a su vez casada con un personaje antipático, un tipo pagado de sí  mismo que la engaña, rebozado en oro y con ese carácter reprobable de quien se cree mejor que los demás por su cuna, su educación y su dinero heredado.

Ése es, desde luego, el meollo del filme, y cuando llega esa parte de la historia, ya en el último tercio de la película, el interés crece, pareciendo incluso que Luhrmann manda metafóricamente parar las máquinas de su acelerado barco para remansarse y disfrutar del enfrentamiento entre los dos machos por la hembra que, ¡ay!, tiene cortas entendederas o tal vez no sabe qué le dicta de verdad el corazón. Esa fase de la película se engrosa de interés, se adensa en capacidad dramática, el Don Nadie enhiesto pero sabedor de su pedestal de barro contra el noble que se sabe corrupto pero también imponente en su poder, en su clase, en su impiedad.

Película finalmente irregular, no tiene nada que ver, desde luego, con la anterior versión que se hizo del clásico de Scott Fitzgerald, dirigida en 1974 por Jack Clayton (al que desde luego no le iba ese tipo de cine: su obra maestra fue Suspense, en las antípodas de aquella lánguida historia romántica), con Robert Redford en el papel de Jay Gatsby y Mia Farrow en el de Daisy Buchanan, su amada, una película infinitamente más tradicional y que incidía más en los aspectos románticos y se convirtió, no sé si a su pesar, en un vademécum de moda retro, en una época, a mediados de los años setenta, en la que empezó a ponerse de moda eso que ahora llaman vintage.

DiCaprio resulta un convincente Gatsby. Ciertamente el protagonista de Titanic está consiguiendo en los últimos tiempos un elevado nivel en sus interpretaciones (Origen, J. Edgar, Django desencadenado). El carácter apocado de Tobey Maguire conviene bien al protagonista y narrador, que no es otro que un alter ego del propio F. Scott Fitzgerald.

Lástima de costeado empeño: más de cien millones de dólares de presupuesto. Me temo que no será esta la versión definitiva de una novela elevada a los altares literarios. Parece claro que para rodar clásicos, y que resulten clásicos, no es conveniente dárselo al más alocado de la clase…

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143'

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El gran Gatsby - by , May 25, 2013
2 / 5 stars
Demasiado acelerado