Película: El Havre Otra vez ha vuelto a suceder: hay un cineasta que se ha labrado un prestigio, pero, como nadie es perfecto (como bien sabemos desde Con faldas y a lo loco), en alguna ocasión se le va la pinza, o da con una idea equivocada, o marra en el escenario, y entonces no está a la altura de empeños anteriores. Pero, ¡ay!, como en este país, y en la crítica en general, se idolatra la corriente mayoritaria, si alguien es un pope, una vaca sagrada, no se le puede ni toser… Viene todo esto a cuenta del último filme del finés (parece un trabalenguas) Aki Kaurismäki, este El Havre, que no está a la altura de anteriores películas como Luces al atardecer o Nubes pasajeras. El cine de Kaurismäki se caracteriza por el hieratismo interpretativo, las historias melodramáticas contadas con gran economía de medios y los helados paisajes urbanos finlandeses. Sin embargo, en esta ocasión Aki abandona su sempiterna Finlandia (que, salvo en casos puntuales como Leningrad Cowboys go America, constituye siempre su escenario natural) para rodar en el puerto francés de El Havre. Hombre, no es que la ciudad portuaria gala sea calurosa como Bagdad, ni mucho menos, pero al lado de Helsinki hay una diferencia climática más que apreciable.

No sé si habrá sido ese cambio de temperatura lo que ha reblandecido la sesera de Aki, pero lo cierto es que su nueva película baja algún escalón con respecto al resto de su filmografía. Aquí se acentúa el hieratismo hasta el punto del cartón-piedra: los intérpretes ya carecen de verismo alguno, parecen actores de (mala) función de fin de curso de un instituto. A ello puede haber influido el hecho de que los intérpretes galos como André Wilms o Jean-Pierre Darroussin carecen del estupor estupefacto cuasi estúpido (si me admiten el retruécano) de los habituales actores fineses de Kaurismäki: estos no están acostumbrados a la cara de palo, y sus diálogos resuenan con una artificiosidad que nada bueno aporta a esta historia (de nuevo) de pequeña tragedia cotidiana, aunque para la ocasión haya un final (más o menos) feliz.

Una de las novelas menos conocidas de Jules Verne es La esfinge de los hielos: si vale la anáfora de que el cine de Kaurismäki, por su hieratismo gélido, se ajusta a ese (bello) título verniano, podríamos decir, sin temor a equivocarnos demasiado, que la esfinge se deshiela. Ojalá vuelva pronto por sus fueros bajo cero: todos saldremos ganando…

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93'

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El Havre - by , Jan 16, 2012
2 / 5 stars
La esfinge se deshiela