Película: El hombre sin edad

Diez años después de dirigir Legítima defensa (1997), basada en una novela de John Grisham, que, como es obvio, no es precisamente Shakespeare, Francis Ford Coppola, que entre tanto se había dedicado a la enología, harto quizá de arruinarse una y otra vez con el cine, volvió de nuevo a la dirección con esta extraña película, un filme basado en la novela Tinerete fara tinerete, del escritor rumano Mircea Eliade, que el propio Coppola guionizó para llevar a la pantalla.

Rumanía, año 1938. Un intelectual septuagenario, sin motivación alguna en su vida, decide suicidarse tras la muerte de su esposa. Sin embargo, cuando es alcanzado por un rayo en medio de la vía pública, tal accidente, que le pudo costar la vida, resulta que, extrañamente, le confiere un rejuvenecimiento inexplicable. Además, se da cuenta de que a partir de entonces empieza a tener poderes sobrenaturales que no puede entender pero que pronto aprenderá a utilizar. Los nazis, en su apogeo, intentan capturarlo para estudiar tan prodigioso fenómeno, pero el intelectual consigue escapar…

El hombre sin edad no se llegó a estrenar en España, a pesar del renombre de su director, lo que da idea de la desastrosa carrera comercial que tuvo en su país, Estados Unidos. Y lo cierto es, que por una vez, el público acertó de pleno, pues la película es una chata digresión del guionista y director, a través de la vida y milagros (nunca mejor dicho…) del protagonista, un hombre que, un poco a la manera del personaje central de El curioso caso de Benjamin Button (2008), rejuvenece en vez de envejecer, pero en su caso el proceso se detiene alrededor de los cuarenta años, aunque a aquellos que están cerca de él y son objeto de su afecto les provoca involuntariamente un envejecimiento acelerado. El caso es que las dos horas de película se hacen insoportables, con las idas y venidas de este personaje que divaga entre sus poderes sobrenaturales, su huida de las garras del nazismo, su encuentro con una joven que sufre accidentalmente una regresión a una de sus vidas anteriores (sí, en efecto, hasta la metempsicosis aparece…), con la que conocerá el amor, que se hará imposible por una cuestión de edad (eternamente joven él, como un Dorian Gray con la mente de Einstein y los superpoderes de Supermán; aceleradamente avejentada ella mientras permanece junto a su amado), en una situación que rememora, a su manera, el imposible amor descrito en Lady Halcón (1985).

Pero nada recuerda en el filme que estamos ante la obra del mismo cineasta que nos asombró con la trilogía de El Padrino, o con La conversación, no digamos con su opera magistra, Apocalypse now. Ni siquiera está a la altura de sus medianías, que también las ha tenido, desde Corazonada a Tucker, pasando por Jack o Jardines de piedra. Así las cosas, El hombre sin edad se queda en la tierra de nadie de película con idea interesante, mal desarrollada y peor contada, en la que incluso un actor tan sobrio y seguro como Tim Roth se nota incómodo, como si no tuviera demasiado claro cuál es verdaderamente su papel. Entre los secundarios nos quedamos con una breve aparición del siempre estupendo Bruno Ganz, uno de los grandes del Nuevo Cine Alemán, ya anciano.


El hombre sin edad - by , Oct 07, 2017
1 / 5 stars
El superhéroe intelectual