Película: El incendio

Juan Schnitman es un cineasta todavía novel, con seis cortometrajes a sus espaldas y dos largos rodados en colaboración con otros directores. Esa experiencia le da tablas para rodar con solvencia, pero El incendio parte de un error de base que hace que el filme no se pueda considerar conseguido. Obviamente, la película bebe en el cine de Ingmar Bergman: no es difícil rastrear influencias de filmes como Secretos de un matrimonio o Gritos y susurros en esta historia de pareja que parece feliz pero en la que, subterráneamente, corre una desafección creciente entre ambos.

Toda la acción se desarrolla en 24 horas, las que van desde que la pareja se levanta por la mañana, ilusionada porque van a firmar en notaría la escritura de compra de la casa que va a ser su nuevo hogar, hasta la mañana siguiente, cuando ocurre lo que tiene que ocurrir (no es cosa de “spoilear”…). Entre esos dos momentos asistiremos a la progresiva manifestación de que lo que parecía una relación idílica no es tal, sino un cúmulo de recelos, agravios, resquemores, rencores ya añejos que afloran cuando un suceso imprevisto deja en suspenso el que parecía día feliz por la vivienda comprada, en el fondo el trasunto de un proyecto de vida en común, parábola de una existencia juntos, de una familia.

Pero el problema en este El incendio (título metafórico donde los haya: no hay ni una llama, al menos en sentido estricto; otra cosa es en sentido figurado…) es que se parte de una base falsa: asistimos en la primera secuencia del filme a las dulces tonterías de cualquier pareja de enamorados, ilusionados por lo que esperan acontezca durante esa jornada. Sin embargo, a partir del hecho que quiebra temporalmente ese augurio feliz, los dos parecen ver en el otro no al amado, sino al enemigo: ¿por qué Schnitman, como autor de la idea y director, y Agustina Liendo, como (neófita) guionista, no han matizado adecuadamente ese cambio de perspectiva para hacerlo más creíble? A partir de ese momento los dos amantísimos novios se convierten en tirio y troyano, alfa y omega, Harry Potter y Lord Voldemort. ¿Qué secreto relé se activa en el cerebro de estos pánfilos para que pasen de la alegría entusiasta a la depresión más absoluta? Un misterio, en el que desde luego nunca hubiera caído su admirado Bergman.

Además, Schnitman opta por forzar a sus intérpretes (la pareja protagonista) a impactantes “tour de force”, con escenas de grandes emociones, desaforados aspavientos, destemplados gritos, sollozos con el corazón encogido, en una algarabía no fundamentada que hace desconfiar del verismo de la historia, de la acción.

¿Quiero ello decir que El incendio es un filme fallido? No diríamos tal: la historia, aunque inveraz por la forma en la que está contada, es cierto que deja ver un cineasta con una decidida vocación de estilo. Schnitman rueda con frecuencia en plano-secuencia, dejando a sus intérpretes hablar y hablar, a veces con sentido, otras veces no tanto. Tiene el director una marcada voluntad de hacerse notar, y en este caso para bien, no de una forma fatua sino ajustada a la irritada (menos mal que no irritante…) historia que nos cuenta.

Es verdad que no le ayudan mucho los intérpretes, Pilar Gamboa y Julio Buscarini, perdidos en excesos stanislavskianos que ya no se estilan ni en el Método. Tampoco los excursos del guión (ese desagradable acoso de los compañeros de trabajo de ella, esa denuncia apenas esbozada de la violencia de los alumnos –y de sus padres-- en el caso de él, esa familia del joven que no es ni chicha ni limoná) aportan unidad de estilo.

Con todo, la historia llega en la medida en la que se nos muestra un trozo de vida, 24 horas de existencia de esa pareja feliz que finalmente resultó no ser tan feliz. ¿O sí? Ah, que no puedo “spoilear”…


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94'

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El incendio - by , Apr 15, 2016
2 / 5 stars
Bergman (mal digerido) en Buenos Aires