Película: El intercambio

Lo de Clint Eastwood no tiene nombre: motejado por la crítica al comienzo de su carrera como un fascista irredento, el tiempo le ha puesto en su sitio, y ése no es otro que la cúspide del cine actual. Actor de recursos limitados pero de una poderosa presencia ante la cámara, a la que se merienda sin problemas, es en su faceta de director como el cineasta californiano ha explotado como el artista más importante que haya dado Estados Unidos en el último cuarto del siglo XX, y el que mejor cine está haciendo en este convulso comienzo del XXI; échense a un lado otros exquisitos como Scorsese, Spielberg o Coppola: cuando en el futuro se quiera estudiar en las universidades el mejor cine que se hacía en USA en las décadas de los ochenta, noventa y primeros diez de este siglo, tendrá que recurrirse a las películas de este director al que la edad, como a los buenos vinos, ha otorgado un plus de sabiduría.


El intercambio plantea una de esas historias de coraje cotidiano que tanto gustan a Eastwood, pero también de conflicto con el orden establecido (él, al que se le reputó como ultraconservador): títulos como Banderas de nuestros padres, Million dollar baby, Mystic River, Un mundo perfecto, por sólo citar las más evidentes, están llenos de gente corriente enfrentada a temas que les superan, y generalmente teniendo que combatir contra el poder; unas veces lo conseguirán, otras no, pero el mensaje es el valor, no el resultado.


Aquí se plantea la historia, al parecer verídica, de una mujer con hijo de nueve años en el Los Ángeles de 1928, en plena Ley Seca, cuando la Policía de la ciudad está en entredicho por su corrupción; el niño desaparece cierto día, y cuando a la madre desesperada se le entrega el que se postula como su vástago, la mujer no lo reconoce. A la angustia sucederá entonces la determinación, cuando aquella mujer, sola y abandonada de todos, que la creen loca, se enfrenta con el omnímodo poder de una clase política abyecta, que sólo busca perpetuarse en los privilegios de su cargo. El azar descubrirá un abominable asunto de pederastia, y entonces el camino parece aclararse para la madre, cuya esperanza, teñida de serenidad, será el santo y seña del filme.


Obra madura, clásica en el más noble de los sentidos de la ya muy noble palabra, El intercambio es una de esas joyas que, intermitentemente, Eastwood nos regala desde hace ya más de veinte años, cuando en 1985, con El jinete pálido, nos advirtió que el supuesto facha sediento de sangre escondía un prodigioso artista que ha ido perfeccionándose con el tiempo, en una suerte de decantación de su estilo y de sus temáticas que ha devenido en una cineasta total, a la manera de un Howard Hawks, capaz de cualquier tema, de cualquier registro, de cualquier género.


Gran trabajo de Angelina Jolie, demostrando que el hecho de que aparezca en las revistas frívolas por sus hijos, naturales y adoptados, o por su marido (¿o no están casados? Nunca me aclaro…), Brad Pitt, es mera farfolla: lo auténtico es este matizado trabajo en el que la angustia, la determinación y la serenidad han de dosificarse con exquisita mesura, para conseguir el efecto de esta madre coraje del tiempo del charlestón, cuando se bebía whisky en taza de café, cuando una sociedad supuestamente obsesionada por la moralidad pública, en la realidad hacía aguas de corrupción por todas partes.


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140'

Año de producción

El intercambio - by , Aug 13, 2014
4 / 5 stars
Angustia. Determinación. Serenidad.