Película: El jardín de la alegría En 1925 Alfred Hitchcock era prácticamente un recién llegado al mundo del cine. Tenía 26 años, y sólo cuatro años antes había hecho sus primeros pinitos en algo relacionado con el cine cuando diseñó los títulos de The great day. Quiere decirse que con esta El jardín de la alegría, que fue su segundo largometraje como director tras Number 13, Hitch aún no había dado con el tipo de cine que le encumbraría como uno de los grandes del llamado Séptimo Arte, dando lugar a denominaciones tan grandilocuentes (en su caso tan acertadas) como aquella de El Mago del Suspense.

El jardín de la alegría se puede inscribir en el género del drama, si bien con sus correspondientes gotas de comedia, de corte británico (como corresponde a la nacionalidad de esta película, junto a Alemania), muy alejada de la que entonces todavía se llevaba en Estados Unidos, con el “slapstick” aún presente como centro y eje de la capacidad de hacer reír de los cineastas norteamericanos. A falta de la posibilidad de mover a la sonrisa con los diálogos (no se puede decir que los intertítulos fueran precisamente una maravilla en ese aspecto), Hitch fía los momentos de comicidad a elementos secundarios de la trama, como el matrimonio que vive con la protagonista, que juega el papel de cómicos en esta por lo demás bastante dramática historia.

La protagonista, Patsy, es una chica de coro en un teatro de vodevil en el Londres de mediados de los años veinte. Allí llegará Jill, una chica con una carta de presentación, que unos carteristas le hurtan junto a todo su dinero. Patsy se apiada de ella cuando la ve tan desvalida y la lleva a su casa. Al día siguiente consigue que el dueño del teatro le haga una prueba, y todos quedan maravillados del desparpajo y el arte de la nueva, así que enseguida la contratan. Pero también muy pronto Jill empieza a demostrar su auténtica forma de ser y se muda a una gran casa en cuanto tiene posibles, dejando a su benefactora atrás. Su novio, alguien de su clase, tiene que marchar al extranjero, momento en el que Jill empieza a dar pie a un generoso protector, un príncipe ruso, para que la lleve al altar.

Patsy se casa con un amigo del novio de Jill; los dos hombres se marchan al extranjero juntos. Pero antes de partir el nuevo marido empieza a dar señales a Patsy de ser un mal hombre. Cuando a ésta le llegan noticias de que su esposo ha caído enfermo, corre en pos de él, para encontrarlo en los brazos de una aborigen, alcoholizado y llevando una vida disoluta.

El jardín de la alegría no da pistas aún de lo que serían las marcas de fábrica hitchcockianas, a no ser el hecho de que hay ya cierto humor de comedia inteligente, que el gran Alfred cultivaría posteriormente en su cine, incluso en sus grandes dramas y thrillers. No tenemos aquí, sin embargo, trazas aún de su recurso más emblemático, la meticulosa construcción de escenas de suspense que sobrecogían el ánimo del espectador. Sí tenemos, en cambio, la certeza de que tras la cámara había un buen narrador, alguien que contaba historias con fluidez y facilidad, en contra de lo que, lamentablemente, en aquella época no era todavía demasiado corriente.

Hitch buscaba su camino; tardaría aún en llegar; se puede fechar su primera gran película, con un estilo definido que ya no abandonará, aunque sí perfeccionará, en la primera versión que sir Alfred hizo de El hombre que sabía demasiado, en 1934. Estamos, por tanto, a nueve años vista de la eclosión del hombre que, a lo largo de varias décadas, mejor representó la capacidad del cine para encandilar, para soñar, para sugerir.

Como curiosidad, aquí sir Alfred trabajó con un perro, en contra de sus propias convicciones, en las que aconsejaba no trabajar nunca “con niños, animales ni Charles Laughton”…

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75'

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El jardín de la alegría - by , Nov 03, 2013
2 / 5 stars
Buscando su camino