Película: El libro de la selva (2016)

Entre las diversas adaptaciones que se han hecho para cine y televisión del clásico de aventuras El libro de la selva, de Rudyard Kipling, las más famosas son la que hizo Zoltan Korda en 1942, con el entonces famoso Sabu, titulada también El libro de la selva, pero sobre todo la que, bajo el formato de dibujos animados, empezó a rodar en 1967 Walt Disney, falleciendo antes de terminarla, por lo que tuvo que ser un ilustre técnico de la Casa del Ratón, Wolfgang Reitherman, quien la acabara. Esa El libro de la selva se constituyó pronto en un clásico del cine de aventuras, y sus canciones e iconografía han calado de lleno en varias generaciones de niños, hoy ya adultos y algunos incluso coqueteando con la senectud.

La pregunta entonces es, ¿se puede uno abstraer del recuerdo de aquella película que marcó quizá indeleblemente nuestras mentes infantiles? Disney Pictures cree que sí, y por eso le encargó a Jon Favreau esta nueva y costeadísima versión (175 millones de dólares, nada menos), quizá ante la atonía de nuevas historias que permitan seguir haciendo cine.

El resultado, hay que decirlo pronto, no supera el recuerdo de la versión a la que evidentemente homenajea y cuyo tono intenta mantener, aunque también habría que decir que éste es un “remake” más negro, más oscuro, que el original. Así, los villanos tienen un tono bastante más tenebroso y violento, desde el tigre Shere Khan al Rey Louie. Evidentemente, en ese diseño de la historia, que hoy se hace más en los despachos que en la soledad del guionista ante el ordenador, convenía ofrecer también argumentos a los jóvenes y adultos para ver la película, dotándola de toques que trascendieran la mera aventura infantil. Desde un punto de vista comercial no parece que les haya salido mal la apuesta, porque la película está funcionando magníficamente en taquilla. Sin embargo, al mantener, por aquello de que los niños no huyan, o al menos no se aburran demasiado, algunas de las características del original de Reitherman, como las divertidas canciones que todos conocemos, se produce una falta de encaje entre el tono tenebrista y esa otra visión “joie de vivre” que proponen las cancioncillas del oso Baloo (un canto al carpe diem) y el Rey Louie (un trasunto del mito de Prometeo visto desde la perspectiva de los seres irracionales que ansían el fuego, metáfora de la inteligencia).

De ese desencuentro se resiente el filme, por lo demás con un ritmo narrativo razonable. Hay, sin embargo, otros elementos negativos, como ese axioma que viene a decir que cualquier “remake” ha de rizar el rizo del original y, a ser posible, incurrir en el gigantismo más grosero. Así, hacer que el Rey Louie tenga tamaño (y malas pulgas…) como de tiranosaurio no es precisamente una idea brillante, jugando ello en contra de la credibilidad de la historia, contada en clave realista; sí, es cierto, dentro de lo que cabe: eso de oír hablar a lobos, panteras y osos debe entenderse en la clave de fábula de Esopo o Samaniego que en el fondo es.

Es cierto que, en cuestión de animación digital, se consiguen extraordinarios resultados, y los animales que protagonizan el filme, que sólo están en el disco duro del ordenador, resultan totalmente verosímiles. Pero en el conjunto hay una cierta sensación de desajuste que no ayuda a que el filme convenza.

El pequeño hindú-americano Neel Sethi es un satisfactorio Mogwli, teniendo en cuenta además que ha tenido que interactuar con la nada, pues sus interlocutores, los animales, se han creado mediante efectos de ordenador. Entre las voces que han doblado en el original inglés hay algunas curiosas, como la de Bill Murray, un “bon vivant” que conviene mucho al oso Baloo, o la de Ben Kingsley, que confiere nobleza con su inconfundible voz profunda a la pantera Bagheera, de alguna forma la figura paternal por excelencia de la película. Pero la mejor, sin duda, es la insinuante voz de Scarlett Johansson, que aquí cambia el sexo a la serpiente y la hace mucho más seductora que la original.

Curiosamente, ni ésta, ni desde luego la versión de Reitherman, se ajustan al original literario kiplinguiano. No pasa nada: ya tenemos dicho y escrito que la mejor adaptación es la que se crea desde el original, pero sin ser una réplica exacta,  sino buscando cine donde antes había literatura, y que las libertades que se tomen, si van en beneficio de la obra cinematográfica, son bienvenidas.

Jon Favreau, que hasta hace pocos años era sólo un actor secundario no precisamente brillante, ha conseguido desde que se puso a los mandos de la saga de Iron Man que Hollywood lo tenga en cuenta para productos como éste, que pueden hacer hundir a un estudio si fracasa (no será el caso…).  Favreau no es un exquisito, pero es cierto que el tiempo y las tablas le han dado una cierta capacidad para narrar y fabular historias aseadamente, aunque por el camino haya hecho petardos como Cowboys & Aliens (2011).
 


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106'

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El libro de la selva (2016) - by , Apr 28, 2016
2 / 5 stars
¿Es posible abstraerse?