Película: El Llanero Solitario La pregunta del millón que deben seguir haciéndose los mentores de Disney (principal productora de este fiasco comercial) es qué han hecho mal para que una inversión de más de doscientos millones de dólares no haya recaudado en el mercado yanqui-canadiense ni siquiera la mitad de esa friolera cifra. Tengo mi opinión al respecto, que no es otra que los norteamericanos no toleran demasiado bien la parodia de sus héroes nacionales, y el Llanero Solitario, al fin y al cabo, no deja de serlo, aunque sea de ficción. Además, llueve sobre mojado en cuanto a que tampoco el público yanqui es demasiado receptivo, sino todo lo contrario, a los westerns de humor. De hecho, no recuerdo ningún título que mezclara ambos temas, western y comicidad, y llegara (comercialmente hablando) a buen puerto. Otrosí digo: en 1999 ya se produjo un fiasco similar, en aquel caso con Wild, Wild West, la versión al cine de la deliciosa serie televisiva de nuestra infancia, Jim West, que Barry Sonnenfeld condujo al más absoluto de los fracasos, a pesar de contar con un desahogadísimo presupuesto y con estrellas como Will Smith (también andaban por allí Kevin Kline, cuando aún era alguien, y Kenneth Branagh, entre adaptación y adaptación de Shakespeare).

Quiero decir que se ha dado una serie de circunstancias que han pesado mucho más en la balanza que las supuestas virtudes o los presuntos alicientes de una operación como ésta, que son evidentes: el mismo equipo (director, guionistas, productor, estrella…) que en la saga iniciada por la exitosa Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra; el mismo tono irónico, cuando no sarcástico, sobre un tema mítico; igual derroche en fantásticos efectos especiales, que hacen imaginar que lo imposible realmente no lo es. Pues a pesar de todo ello, El Llanero Solitario se ha pegado una castaña de padre y muy señor mío.

Y lo curioso del caso es que, al margen de los prejuicios del espectador norteamericano antes apuntados, no tendría por qué haberse estrellado de esta manera, pues resulta ser una muy divertida parodia de la serie original; a poco que uno no venere aquella vieja, simpática, decididamente vintage serie catódica que fue la homónima El Llanero Solitario (iniciada en 1949, en España se vio en los años sesenta: al día que íbamos…), esta versión aggiornada, iconoclasta, que le da igual ocho que ochenta, supone una agradable revisitación en clave chufla de aquel mítico personaje, cuya recuperación con los mismos tonos fatuos que eran propios de los héroes de los fourties, fifties y sixties, hubiera sido un craso error: no se puede hacer lo de hace cincuenta años como si esos cincuenta años no hubieran transcurrido: la Historia no se para, el Cine tampoco.

El Llanero Solitario se constituye, entonces, en una entretenida aventura, con algún problema de ritmo narrativo que se acaba en cuanto comienza la última media hora, una alocada sucesión de secuencias a cual más disparatada, a cual más inviable, donde los expertos en los F/X y los “stuntmen” se ponen las botas, con un brío comparable a la mejor de las (por ahora) cuatro entregas de la saga bucanera más taquillera de la Historia del Cine; hablamos, of course, de la mentada Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra.

Aparte de la aventura y la chacota, que son los dos ejes sobre los que gira la película, no estaría de más comentar algunos de sus temas de contenido, como el de la preeminencia de la ley sobre la venganza, aunque resulte descorazonador que la moraleja final no vaya en esa dirección; eran tiempos jodidos aquellos, parecen decir el director, Verbinski, y sus guionistas de guardia. También lo son estos, y quiero creer que no deberíamos poner en ridículo, como ocurre aquí, al que intenta que sea el civismo, y la razón, y la moralidad, las que campen por encima de la violencia, la revancha, y la brutalidad. Debo ser un antiguo, seguramente (sí, como Aristóteles), pero desalienta ver un producto como éste, cuyo “target” objetivo incluye infancia y juventud, en el que el paladín de la ley queda como el Flanders de Los Simpson

Por cierto, hablando del paladín de la ley: me temo que Armie Hammer, el protagonista (con permiso de Johnny Depp, que es la estrella y gana muchísimo más), va a tener un serio problema en su carrera: es un hombre de carácter digamos blandito, demasiado delicado, y un actor, con independencia de su personalidad, debería poder hacer de todo; en J. Edgar estaba espléndido, porque su apariencia cuadraba muy bien con su personaje, el agente del FBI que compartió su vida con el perpetuo y odiado (por el resto de la Humanidad) mandamás del Buró, y aquí su rol también se amolda razonablemente a esos modos sedosos; pero no todos van a ser así en lo sucesivo: Armie, tenemos un problema…

En cuanto a Johnny Depp, podría pensarse que su indio Toro (en el original Tonto, “tonrou” en la pronunciación yanqui) es un trasunto del estupendo Jack Sparrow de la saga de Piratas del Caribe, y en cierto modo es así; pero este Toro, o Tonto, tiene su propia identidad, es un personaje atormentado por cierto asunto lacerante de su pasado, con sus neuras (ese pájaro muerto permanentemente alimentado con alpiste por el piel roja), y aunque en los pasajes cómicos recuerda al pirata saltimbanqui, en este caso la única pluma que lleva es física, sobre su testa, no la figurada (y cada vez más exagerada) del bucanero cantinflas. También sobre Depp, pero en otro contexto: reconforta que la mera aparición de la estrella más rentable de (y mejor pagada por) Hollywood no garantice un aplastante éxito económico: loados sean los cielos, aún hay espacio para el azar, para las nuevas ideas, para historias (o no-historias) que puedan tener su lugar al sol sin una estrellita que ilumine su firmamento…

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El Llanero Solitario - by , Sep 03, 2013
3 / 5 stars
Divertido, aparatoso homenaje