Película: El Niño

Tras el éxito de Celda 211 (2009), que se llevó nada menos que ocho Goyas y otros muchos premios, sin duda merecidos, y además fue uno de los taquillazos del cine español de aquel año (más de trece millones de euros de recaudación, nada menos), se esperaba con interés el nuevo filme de su director, Daniel Monzón, que ciertamente se ha hecho esperar: casi cinco años...

Lo diré pronto: creo que la nueva película del antiguo crítico (Monzón ejerció como tal en los años noventa en la revista Fotogramas) desciende claramente un peldaño con respecto a su anterior, y entonada, película. El Niño se ambienta en una zona ciertamente muy atractiva cinematográficamente, el estrecho de Gibraltar, entre Algeciras, la propia Roca y Ceuta, y los pocos kilómetros de mar que separan estos núcleos de población. En esas localizaciones asistiremos a la historia de un chaval, El Niño del título, de poco más de veinte años que (mal)vive con oficio penoso y que sueña, junto con su amigo, al que siempre llaman El Compi (debía ser tan pobre que ni nombre tenía…), en establecerse con un chiringuito para vivir la vida: en fin, nada del otro jueves, el sueño de medio mundo, o similar… Pero como el diablo sólo hace enredar, El Compi seduce al Niño para que le ayude a traficar hachís entre Marruecos y España. En una línea argumental paralela, un maduro policía, Jesús, y su compañera, Eva, persiguen a los narcotraficantes de cocaína que actúan en la misma zona. Cuando ambas líneas converjan, junto con los oscuros intereses internacionales de las mafias del narcotráfico, el conflicto, y la tragedia, estarán servidos.

El Niño tiene dos problemas: uno, que el guión resulta en su primera parte bastante endeble, colindando con la novelita pastelosa: toda la historia del protagonista con la chica a la que quiere parece como de Corín Tellado, demasiado blanda, demasiado romanticona para un thriller que se pretende (y en buena parte lo es) muy físico, muy realista, muy duro. El otro problema del filme de Monzón es que hace recaer buena parte de la trama en las espaldas de Jesús Castro, nuevo en esta plaza del cine, un chaval sin experiencia como actor al que, ciertamente, la cámara quiere. Tiene desparpajo, salero y una gracia natural que sólo lo dan las tierras (y los mares) de Cádiz, pero lo cierto es que su falta de tablas hace que difícilmente pueda sostener sobre sí mismo todo el entramado, todo el cañamazo guionístico de un filme que, por lo demás, funciona actoralmente muy bien, con un sólido reparto español en el que de nuevo Luis Tosar está sobresaliente: nada nuevo: ya lo estuvo en filmes como en la mentada Celda 211, donde tuvo el que seguramente será el papel de su vida; pero también en otros filmes en registros muy distintos y donde los matices eran fundamentales, como Te doy mis ojos o Mientras duermes).

Aparte de esos problemas, es cierto que, a partir de la mitad del metraje, aproximadamente, y conforme El Niño se convierte en lo que quería ser, un percutante thriller que combina acción interna y externa, la película vuela sola (no sólo por la presencia en algunas secuencias espléndidas de los helicópteros) y sube varios enteros sobre la sensación de blandenguería de la primera mitad.

Hablando de helicópteros: es reconfortante ver como ya es normal que el cine español pueda montar escenas de acción de una complejidad que no tendría nada que envidiar al cine norteamericano: las de los helicópteros y las lanchas ultrarrápidas que surcan el estrecho son excelentes, pero es que incluso la persecución en automóvil que se desarrolla en los últimos minutos también está realizada con solvencia y precisión, provocando la correspondiente generación de adrenalina en el espectador, que es el signo inequívoco de que se ha rodado y montado con pericia.

Sobre esta misma zona entre Europa y África, y sobre el mismo tema, el narcotráfico por el Estrecho de Gibraltar, Arturo Pérez-Reverte escribió una novela, La Reina del Sur, que se llevó a la pequeña pantalla con igual título y con Kate del Castillo al frente del reparto, en una serie notable, realizada con calidad y buen tino. Lástima que el conjunto de El Niño no responda a ese mismo resultado, aunque sus virtudes han quedado patentes.

No queremos terminar sin mencionar un hecho que nos parece relevante, al menos desde nuestra perspectiva, el de que los actores andaluces hayan podido hablar con su propio acento, Jesús Castro con su ceceo gaditano, y Jesús Carroza con su seseo sevillano. Es verdad que en ningún momento se explica porque El Compi, que supuestamente es tan gaditano como El Niño, habla como un chaval de la barriada de San Jerónimo de Sevilla, pero consideraremos tal cosa como una licencia artística. Bien está que nos vayamos acostumbrando todos en España a que cada actor, siempre que interprete un personaje de una zona que así lo aconseje, pueda hablar en la lengua vernácula de ese territorio (tirando de subtítulos si fuera menester) o en la forma dialectal que proceda: en este caso, la bella forma de hablar el español que tenemos los andaluces…


 


El Niño - by , Sep 05, 2014
2 / 5 stars
De menos a más