Película: El padre

La carrera del director turco-germano Fatih Akin parece en franco retroceso: habiendo llegado a ser uno de los nuevos cineastas europeos fundamentales de principios del siglo XXI, con títulos como Contra la pared (2004), Cruzando el puente: Los sonidos de Estambul (2005) y Al otro lado (2007), desde entonces no ha vuelto a dar en la diana, ni con el filme colectivo New York, I love you (2008) ni con la lamentable comedia negra Soul Kitchen (2009). Tampoco este costeado El padre le va a sacar del marasmo artístico. Se trata de lo más parecido a una superproducción que nos podemos permitir en Europa, con múltiples localizaciones en hasta tres continentes, escenas de masas, ambientaciones históricas que se aprecian muy trabajadas, cientos de actores en pantalla, gran temática (el Genocidio Armenio, nada menos), pero como suele ocurrir en estos casos, el envoltorio se comió el contenido.

El padre cuenta la historia de un artesano armenio, felizmente casado en su localidad natal, Mardin, en la Turquía otomana de 1915, con dos hijas gemelas adolescentes; dentro del contexto del genocidio perpetrado por las autoridades otomanas de la época (para oprobio de su pueblo, que ha de cargar con esa culpa histórica, como los alemanes lo hacen con la del Holocausto judío) será detenido y llevado al desierto para trabajos forzosos junto a otros muchos varones de la misma etnia.


El Genocidio Armenio, por si hay que recordarlo, es el nombre con el que la Historia conoce la expulsión, tortura y matanza de entre un millón y medio y dos millones de armenios que vivían dentro de las fronteras del ya entonces capitidisminuido Imperio Otomano. El protagonista de la película es uno de ellos, y aunque el filme no se centra en recrear a gran escala ese genocidio, es evidente su relación con el conflicto que se produce en el filme, que no es otro que la búsqueda por parte del personaje central de sus hijas adolescentes, cuya huella seguirá desde su Turquía natal hasta el continente americano.

Akin ha comentado que se inspiró en el América, América (1963), de Elia Kazan. No seré yo el que diga que no es cierto, pero sí que la inspiración se ha debido quedar en lo superficial, en la ambientación y vestuario, pero poco más. Nada hay de la grandeza del filme kazaniano en esta olvidable película del cineasta turco-alemán. Donde en Kazan había profundidad, en Akin hay elementalidad; donde en Elia existía sensibilidad, en Fatih hay acartonamiento; donde en América, América había creatividad, en El padre hay seguidismo y mediocridad.

Lástima de intento, porque el empeño ha sido importante, con hasta ocho nacionalidades implicadas en la producción (hasta Jordania, cuya aportación al cine es muy modesta, como parece obvio) y un tema de esos que se pueden reputar, sin faltar a la verdad, como realmente grandes, en este caso a fuer de doloroso.

Al frente del reparto aparece Tahar Rahim, un actor francés de origen argelino que se ha hecho un nombre con sus notables interpretaciones protagonistas en filmes como Un profeta (2009) y El pasado (2013).

La mención a Rahim nos lleva a comentar lo peculiar que es El padre desde el punto de vista étnico, nacionalista, religioso o idiomático. Veamos: escribe, dirige y produce un alemán de origen turco, y la tesis del filme apuesta firmemente por la felonía del Genocidio Armenio, que todos los gobiernos turcos, desde los otomanos de la década diez del siglo XX hasta el actual (cuando se escriben estas líneas) que preside Recep Tayyip Erdogan, no suscriben, aunque aceptan que existió la deportación (menos mal), pero sin calificarla como genocidio. El protagonista, Tahar Rahim, es de obvia extracción étnica árabe, y sin embargo hace aquí de cristiano armenio. Y en cuanto a idiomas, en la versión original los armenios hablan en perfecto inglés (?), mientras que el resto de los grupos étnicos cada uno habla el suyo: turco, español, inglés, árabe, kurdo.

Peculiaridades de un filme extraño, no especialmente recomendable, que confirma que la traslación del Genocidio Armenio a la pantalla parece como gafado. Ahí están los casos más sonados, Ararat (2002), en el que el siempre sensible cineasta de origen armenio, Atom Egoyan, bajaba un peldaño sobre su habitual línea de exquisitez, o El destino de Nunik (2007), de Paolo y Vittorio Taviani, un pretendido fresco histórico que se quedaba en un lamentable, paupérrimo ejercicio de átono maniqueísmo.

El protagonista de El padre, de nombre Nazaret, habrá de viajar (metafóricamente hablando: hay entre Mardin y el monte algo así como mil kilómetros, pero el monte es la cuna espiritual del pueblo armenio) del monte Ararat a las Grandes Llanuras, la región norteña de Estados Unidos, en busca de sus hijas gemelas. Viendo la película pensaba que es la misma peripecia viajera del personaje creado por Edmundo de Amicis en su relato Marco, de los Apeninos a los Andes, que sería llevado a la pantalla pequeña con inusitado éxito y bajo el formato de dibujo animado en la serie Marco (1976), de la productora japonesa Nippon Animation. Salvando las distancias, realmente estamos ante un caso similar, alguien que ha de padecer incontables aventuras y sufrir graves sevicias físicas y morales a lo largo de un viaje de miles de kilómetros para reencontrarse con un ser querido. Y es que, al final, casi todo está escrito ya…


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138'

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El padre - by , Jul 18, 2015
1 / 5 stars
Nazaret, del Monte Ararat a las Grandes Llanuras