Película: El porvenir

Mia Hansen-Love es una directora de aún corta carrera (también es muy joven, 35 años cuando se escriben estas línea), que se inició como actriz, siendo adolescente, en dos filmes de Olivier Assayas, que posteriormente se convirtió en su pareja. Su filmografía es corta pera ya va teniendo un prestigio bastante apreciable, conseguido gracias a películas de hermosos títulos como Todo está perdonado (2006), El padre de mis hijos (2009) y Un amour de jeunesse (2011).

Su cine se caracteriza por retratos generalmente familiares, contados en una evidente clave realista, en la que sucesos que se van desencadenando provocan cambios en la estructura familiar, pero sobre todo en los propios individuos que la componen. El porvenir es  más de lo mismo: los protagonistas son una pareja de profesores de filosofía franceses, durante la presidencia de Sarkozy; llevan más de un cuarto de siglo casados y parecen la pareja perfecta. Sin embargo, él tiene una aventura amorosa y se decide por la nueva mujer, abandonando a su esposa; ésta, a su vez, soporta como puede a una madre senil de tendencias depresivas y destructivas. Sus hijos se marchan del hogar cuando les llega su hora, y su alumno preferido, al que mima con pasión maternal, decide fundar una especie de comuna donde aplicar las reglas de la revolución que vendrá (no sabemos cuándo ni qué será tal cosa…).

El porvenir es un filme que ciertamente cae bien. De entrada, que se hable con desenvoltura de nombres propios de la entidad de Rousseau, Adorno o Lévinas, sin afectación pedante sino con naturalidad dentro del contexto y la trama argumental, ya es un punto a su favor, en una sociedad como la nuestra que idolatra a tipos que pegan balonazos en calzoncillos pero no sabe quién es Wittgenstein. También gusta el sentido de la elipsis de Hansen-Love, que demuestra en escenas como la muerte de la madre, dada con la contención de una llamada telefónica que recibe la protagonista en plena calle, donde intuimos pero no sabemos qué ocurre. La siguiente escena, ya con la profesora de filosofía y su hija hablando con el cura sobre los preparativos religiosos, completa esta hermosa elisión de un momento que, en otras manos, hubiera supuesto una buena llantina: no hace falta, ya se sabe qué ocurre en estos casos, ahorrémoslo al espectador.

Pero no todo es así de bueno: los sucesivos acontecimientos que van sucediendo en la vida de la protagonista parecen resbalarle: es profesora de filosofía, no de yoga tántrico… Hay una cierta impresión como de pasotismo en el personaje central, que sólo se sofoca cuando se le pierde la gata en el campo, aunque la detesta profundamente y está deseando quitársela de encima. Se ha dicho, no sin razón, que el cine de Hansen-Love tiene puntos de encuentro con el de uno de los grandes cineastas franceses del último medio siglo, Éric Rohmer: sus historias son en ambos casos cotidianas, sin grandes sucesos que impacten en las vidas de sus personajes. Pero, en contra de la deliciosa levedad, de la bellísima evanescencia de filmes rohmerianos como La rodilla de Claire, La mujer del aviador o Pauline en la playa, ésta El porvenir no tiene ni los chispeantes diálogos del cineasta de Nancy ni sus historias interesan como lo hacían, generalmente, las puestas en escenas por el autor de El rayo verde.

Los hechos en la vida de esta profesora que se enfrenta a los alumnos huelguistas que pretenden bloquear a los que sí quieren asistir a clase, se suceden sin que en muchos momentos tengan mayor interés para el espectador: es como asistir a un pedazo de vida que no tuviera muchos elementos que resulten atractivos, como si se nos permitiera asistir, como privilegiados “voyeurs” (que es lo que somos, finalmente, todos los espectadores de cine), a una parte de la vida, no precisamente estimulante, de una profesora a la que se le viene encima el futuro y, ciertamente, no tiene ni idea de qué hacer con él.

No es, por supuesto, El porvenir una película deleznable. Tiene interés, y el primero de ellos, como queda dicho, su nivel intelectual. Pero el conjunto no termina de convencer, no termina de ser la película que podría haber sido en otras manos.

Isabelle Huppert es media película, por no decir tres cuartos. De todas formas, no se la ve demasiado convencida de su papel, quizá porque no tiene muchos asideros emocionales a los que aferrarse.

El Oso de Plata a la Mejor Dirección en la Berlinale 2016 se nos antoja excesivo: no debió ser muy alto el nivel de la Sección Oficial, no…


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102'

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El porvenir - by , Oct 01, 2016
2 / 5 stars
Rousseau, Adorno, Lévinas