Película: El postre de la alegría Jérôme Enrico es hijo del director Robert Enrico, un cineasta francés ya difunto que en su buena época consiguió algunos filmes notables, como El viejo fusil y En nombre de todos los míos. Papá Robert tenía cierta tendencia a la grandilocuencia, cosa que, quizá afortunadamente, no ha heredado son fils, que tiene más tendencia a la comedia, como demuestra en esta curiosa El postre de la alegría, más sobriamente titulada en su original francés como Paulette, el nombre del personaje protagonista.

Curiosa es la localización de la historia, en uno de esos barrios de las grandes ciudades, en este caso de Francia, pero que podría ser de cualquier otro país europeo, donde la crisis, pero también los nuevos tiempos, se han llevado las certezas a las que estábamos acostumbrados: han llegado nuevas personas de otros países, con colores de piel distintos, hablando lenguas que se nos antojan bárbaras y con costumbres a las que no nos acostumbramos, si vale el cuasi calambur, y han rivalizado por los trabajos que hacían los aborígenes del lugar; los comercios tradicionales han sido sustituidos por otros estandarizados, regidos por individuos de ojos rasgados y escaso dominio de la lengua vernácula de la tierra; las clases obreras que moraban en esos barrios, sintiéndose marginados en su propio país, han dado en virar el sentido de su voto y lo que antes eran sufragios abrumadoramente de izquierdas ahora se decantan cada vez con más intensidad hacia posiciones de extrema derecha, xenófobas y racistas.

En ese contexto es donde Enrico sitúa su película; en los créditos aprovecha para mostrarnos la vida de la protagonista, desde su juventud hasta su noviazgo, matrimonio, hijos, etc., todo ello al calor de una pastelería que regentó durante años, hasta que los nuevos tiempos la obligaron a ceder el negocio al chino de turno. Desde entonces la ya anciana se reconcome con un odio sordo hacia todos aquellos que no sean de piel blanca; como suele suceder en estos casos, si no quieres caldo, dos tazas: su hija se ha emparejado con un policía… negro, y ambos tienen un niño, su nieto, de color café con leche, al que la abuela, tirando a desnaturalizada, no soporta por su color.

La vieja cascarrabias se entera del floreciente comercio clandestino del chocolate (variedad hachís, se entiende, no el del cacao), y da en vender pequeñas partidas para elaborar porros que le cede un sorprendido camello del barrio; cuando la competencia le dé una tunda y le robe la mercancía, la anciana tendrá que aguzar el ingenio para poder devolver, en cash, el material que tenía en depósito, y entonces se acuerda de la buena mano que tenía para los pasteles, y de qué forma el chocolate se puede convertir en chocolate, sin cursivas, con efectos secundarios de lo más hilarantes…

Jérôme Enrico no es un cineasta exquisito; viene de dirigir segundas unidades, que no es precisamente una escuela distinguida, y de rodar series de televisión de medio pelo, así que no esperemos encontrar a un Scorsese ni a un Tavernier. Pero tiene un tipo de realización efectiva, que va al grano y no se anda por las ramas; nos cuenta la historia, de forma comprensible y aseada, y nos pone en suerte (por usar el término taurino) a la vieja racista para que veamos de qué forma su nueva faceta de confiserie que utiliza sustancias psicotrópicas en los deliciosos dulces que prepara, y que tanta risa dan tras su ingesta, le hace evolucionar hacia posiciones más normales, más honestas, más humanas.

La comedia, entonces, se torna cuasi ejemplarizante: la abuela porretas, aunque vía hachís confitado, vuelve a encontrar su lugar en el mundo, y lo que es mejor, se reconcilia con sus seres queridos, sorprendidos de que la vieja cabrona se haya vuelto tan normal, tan amorosamente familiar. De entre todos los efectos que puede producir la marihuana, seguro que éste no lo tenía censado nadie…

Bernadette Lafont, la que fuera musa de algunos de los más importantes cineastas franceses de los años sesenta y setenta (trabajó, entre otros, para Chabrol, Truffaut, Malle, Kaplan, Costa-Gavras, Eustache), hizo aquí uno de sus últimos papeles antes de morir. De los demás nos quedamos con una Carmen Maura en un papel secundario pero que ella resuelve con su proverbial facilidad.

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86'

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El postre de la alegría - by , Nov 03, 2013
2 / 5 stars
La abuela porretas