Película: El resplandor Si hay una obra maestra cinematográfica partiendo de un original de Stephen King, ésa es El resplandor. Desde los primeros planos se intuye que no estamos ante la típica peliculita de terror al uso, tan habitual en el cine americano hodierno: los majestuosos planos tomados desde un helicóptero sobre las impresionantes tierras del Estado de Colorado, mientras suena un inclemente Dies Irae, en versión de Wendy Carlos, preanuncia ya una obra mayor, un filme distinto, una cinta donde el terror deja de tener un tratamiento infantil, como tantas veces sucede, para pasar a ser un tema adulto, intelectual, en un proceso no lejano al que el propio Stanley Kubrick llevó a cabo en la década de los sesenta con la ciencia-ficción y 2001, una odisea del espacio; de esta forma el realizador hará su aportación al terror como una de las bellas artes y dignificará un género tantas veces adulterado y manoseado por gente sin talento.

Tras ese prólogo sobrecogedor en su impresionante belleza, preñado de malos augurios, iremos conociendo a los protagonistas: un escritor fracasado en busca de la gran novela que le salve (donde no es difícil ver al joven Stephen King previo al éxito de Carrie), su mujer y su enigmático crío de cinco años, del que pronto sabremos que tiene un extraño poder que no sabe dominar, una inusual capacidad para comunicarse con otras personas con el pensamiento (telepatía), y de conocer con antelación hechos que van a suceder (precognición), además de contactar con realidades sobrenaturales.

Kubrick articula su película como una macabra crónica de sucesos que se anticipan: así, nos muestra al pequeño corriendo con su cochecito por los pasillos, sólo el chirrido de las ruedas y los pedales, un ruido cotidiano sin embargo tan inquietante, hasta que finalmente, respondiendo a esa inquietud, el niño se encuentra, en un recodo de los pasillos, a las dos gemelas asesinadas que le invitan a jugar con ellas. Todas las escenas del protagonista, Jack Torrance, en el bar producen escalofríos a pesar de su sencillez y falta de morbosidad, o quizá precisamente por ello: basta verle entrar, sabiendo como sabemos que está en un hotel donde sólo viven en ese invierno él, su mujer y su hijo, y encontrarse con un barman de mirada hipnótica, la quintaesencia de los de su profesión, camareros y confesores a partes iguales, pero éste dotado de una extraña mirada fija, como si fuera un zombi circunstancialmente con apariencia natural.

Mención aparte para la importancia del color en la película, donde el rojo aparece como el símbolo de la maldad y el blanco de la nieve final (sobre todo en el laberinto helado) como el de la protectora bondad que finalmente salvará al niño. El resplandor es un hito en de la filmografía de King: siendo deudora de su obra literaria, es más kubrickiana que kingiana, está más cerca de las preocupaciones filosóficas del cineasta que de las inquietudes del escritor, sin por ello despreciar estas últimas. Sin embargo, este divorcio cobrará plena vigencia cuando King, ya en el segundo lustro de los noventa, anunció su disconformidad con esta versión y produjo y escribió el guión para una miniserie televisiva con esta misma historia. Así pues, asistimos a una gran paradoja: la mejor adaptación al cine del universo de King es, contradictoriamente, la que menos parece haberle satisfecho, hasta el punto de propiciar una nueva versión.

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115'

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El resplandor - by , Dec 18, 2006
5 / 5 stars
El horror como una de las bellas artes