Película: El tesoro

La generación de cineastas rumanos que llegó a la mayoría de edad tras la muerte del siniestro Conducator, Nicolae Ceaucescu, se ha revelado ya como la más interesante de las surgidas en los países del antiguo Telón de Acero desde la caída de éste. Nombres como los de Cristi Puiu (La muerte del señor Lazarescu), Cristian Mungiu (4 meses, 3 semanas, 2 días, Los exámenes), Radu Muntean (Boogie, One floor below) y Calin Peter Netzer (Madre e hijo), entre otros, conforman ya la vanguardia del cine más estimulante que se está haciendo en este comienzo del siglo XXI al este del Danubio.

El cine rumano se caracteriza por ciertas cualidades formales (planos secuencia en los que los actores declaman sus papeles, creciente tensión a partir de temas banales, ausencia casi absoluta de movimiento de cámara) y también por la unicidad de sus temáticas (de forma casi absoluta sus temas son de corte realista, incluso costumbrista, sin que ello suponga disminución alguna en el interés que suscitan).

Esas son también las características formales y temáticas de El tesoro, si bien es cierto que en este caso existe una temática que pudiera considerarse se emparenta con la narrativa fantástica, o aventurera, dado su argumento. Bucarest, en nuestros días; los protagonistas son un joven matrimonio con un niño de apenas cinco años; uno de los vecinos de la familia, en una entrevista con el marido, le pide dinero y, al negarse éste por falta de recursos (está hipotecado hasta las cejas), el otro le propone ir a medias en el tesoro que, según cierta leyenda familiar, se guarda en la antigua casa de su bisabuelo, en una localidad a casi dos horas de distancia de la capital…

Ciertamente llama la atención la intersección de la temática realista (que no se abandona en ningún momento) con el toque entre fantástico y aventurero que supone, en nuestros descreídos días, la posibilidad de la existencia de un tesoro a la antigua usanza, como en el clásico literario La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, tantas veces versionado en cine y televisión, uno de esos libros que todos hemos leído. Sólo que aquí, claro, no hay un Long John Silver (o tal vez sí, libérrimamente y con un detector de metales en lugar de una pata de palo), y el tesoro, de existir, distará mucho de estar compuesto de joyas y alhajas (aunque quizá todo se pueda arreglar…). El papel del protagonista de la novela stevensoniana, Jim Hawkins, quizá quepa adjudicárselo al protagonista, Costi, aunque éste sea bastante más mayor que el adolescente del libro, pero también es casi tan ingenuo como él; y es que ya hay que serlo para, a estas alturas, dar pábulo a la posibilidad, ni siquiera remota, de que aún haya tesoros por descubrir…

Porumboiu llamó ya la atención con dos de sus anteriores largometrajes de ficción, 12:08, al este de Bucarest (2006) y Policía, adjetivo (2009). Aquí juega sus bazas, que son la tensión subyacente en las pequeñas mentiras en las que se embarcará el protagonista hasta conseguir el objetivo de poder buscar el supuesto tesoro, y la creciente desafección entre los miembros de la expedición, que amaga con terminar como el rosario de la aurora. La tensión, pues, nace de lo que pudiera parecer irrelevante, de pequeñas discusiones producidas por los nervios y la sensación de que, tal vez, ese tesoro no esté donde se creía, o sencillamente no exista.

El tesoro, curiosamente, finaliza con una deliciosa, inesperada pirueta argumental que entronca (por vía surrealista) con los clásicos de aventuras de esta temática: y es que quizá, tal vez, el mayor tesoro posible sea el entusiasmo de un niño.

Protagoniza Toma Cuzin, sólido actor rumano de ya larga filmografía, a pesar de su juventud, pero también actores aficionados como Adrian Purcarescu, que funciona admirablemente en su falta de experiencia, lego en técnica interpretativa pero también libre de sus vicios.


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89'

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El tesoro - by , Dec 19, 2016
3 / 5 stars
Jim Hawkins en Bucarest