Película: El último Elvis Hubo un Armando Bo famoso, el abuelo de este con igual nombre (hombre, ya podías ponerte Armando Bo Jr., para diferenciarte de tu ancestro…). Aquel abuelo se especializó en los años cincuenta, sesenta y setenta en un tipo de cine que hoy llamaríamos soft core o blandiporno, aunque en aquella época simplemente lo considerarían un calientabraguetas: su musa, Isabel Sarli, una miss Argentina de formas rotundas (progresivamente cada vez más rotundas…), era la protagonista de todas, en las que sufría muchísimo padeciendo las calenturas de bragados machos que se perdían por sus curvas…

Quién nos iba a decir que el nieto de aquel rijoso cineasta que alegró las pajarillas de dos generaciones de argentinos, un director kitsch donde los hubiera, el nieto, decimos, sería un realizador tan interesante, con buenas ideas y, lo que es mejor, con una buena plasmación de las mismas. Armando Bo Jr. (lo llamaremos así para diferenciar) hizo su debut en cine como coguionista de Biutiful, de Alejandro González Iñárritu, probablemente el más influyente cineasta mexicano actual. Es cierto que aquel filme no estuvo conseguido, pero también que Iñárritu debió ver algo en este libretista de apellido ilustre, como para financiarle esta pequeña película que, digámoslo ya, no es la obra maestra que algunos han querido ver, pero sí una cinta de valores notables, una estimulante aproximación a un fenómeno, el del “frikismo”, en su facción Elvis, que supone una auténtica corriente transnacional: los émulos del gran Presley son legión en todo el mundo, como los trekkies o, en España, los que imitan a Chiquito de la Calzada.

Sobre un auténtico imitador elvisiano, John McInerny, quien a pesar de tal nombre y apellido es más argentino que el mate, Bo Jr. hace una película sencilla, humilde pero sin alardear de su modestia, la historia de un cuarentón de trabajo ínfimo en una fábrica infame, que comienza a vivir cuando sale del laburo (como dicen los platenses), se enfunda su casaca de Elvis y canta en la BBC (ya saben: Bodas, Bautizos y Comuniones…). Tiene una hija como de ocho o nueve años, y una ex esposa, que está hartita de su fanatismo por todo lo Presley: él la llama a ella Priscilla, como la mujer del King (el Rey, el apelativo con el que le conocen sus fans), y la niña se llama Lisa, como la Lisa Marie del cantante de Love me tender. El propio protagonista, de nombre Carlos, sólo responde cuando le llaman Elvis; su obsesión, sus sueños de emular al gigante rockero, le hacen descuidar su relación con su hija, no digamos ya con su ex. Un accidente de tráfico de ésta le hará tener que cuidar, que relacionarse más estrechamente con su pequeña, mientras sus sueños empiezan a difuminarse…

Película sobria y ajena a golpes de efecto, está pespunteada de números musicales que el propio McInerny ejecuta con notable calidad; de hecho, él mismo es un emulador de Elvis en su vida privada, aparte de arquitecto (ya se sabe que el tupé de Presley no debe dar para comer, a menos que sea el original…); ello hace que a veces no sepamos si estamos viendo al personaje o al intérprete: es su primera vez como actor, pero lo cierto es que cierto hieratismo producto de la falta de técnica actoral le conviene al personaje, así que, por una vez, no tener “tablas” resulta ser beneficioso para una interpretación.

Bo Jr. confirma que su talento como cineasta difiere considerablemente del de su rijoso abuelo, aquél que debía ser un sátiro bueno… El nieto es mucho más comedido y se interesa más por crear sólidos personajes como éste, un hombre vaciado de sí mismo y abrazado a la causa de ser otro, aunque sepa positivamente que no podrá serlo nunca. O quizá sí, o quizá podrá, si no ser como él, si terminar como él…

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90'

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El último Elvis - by , Jul 26, 2013
3 / 5 stars
Ser él, terminar como él