Película: Elegy

Isabel Coixet continúa haciendo el cine que quiere, lo que en estos tiempos es bastante más de lo que se puede pedir. Sus películas no se amoldan a modas ni a modos, sino a su peculiar, casi siempre interesante, visión del mundo. Con frecuencia trabaja con textos propios, pero a veces, como en este caso, lo hace sobre temas ajenos, que hace suyos.


El animal moribundo es una novela corta del clásico vivo Philip Roth, un texto que evidentemente tiene muchos puntos de contacto con la obra de Coixet. La adaptación de Nicholas Meyer (reputado guionista e inolvidable director de Los pasajeros del tiempo, su primera y mejor película como tal) ha sido interesante, teniendo en cuenta que el texto de Roth es relativamente breve, aunque afortunadamente esa brevedad no influye en el resultado. Los graves temas de la película, y del relato rothiano, son la belleza (y su apreciación; recuerda el protagonista, en una de sus clases magistrales, el famoso aforismo erudito de que la belleza está en el ojo que mira), la pasión, el compromiso (o su falta), la plenitud y a la vez lo efímero del sexo, la vejez frente a la juventud, la enfermedad contra la vida, la necesidad de amar, amar, contra toda esperanza, contra todo riesgo, contra toda posibilidad.


Filmada con la elaborada sencillez de quien ya hace cine como respira, es cierto que Elegy, de tan hermoso título, renquea un tanto de un metraje algo excesivo; quizá la directora, y su guionista, no han querido ajustarse a los noventa minutos estándares temiendo que se atribuyera esa exactitud a la cortedad, en páginas, del texto original en el que ambos beben. Empero, es un defecto menor, si tenemos en cuenta que no estamos hablando de cine para palomiteros sino para adultos con la cabeza amueblada y el corazón acristalado. Es verdad también que el drama final pudiera hacer suponer que Coixet, y su guionista Meyer, y Roth, optan por la lágrima fácil, cuando no hay tal: nada que ver ese último, doloroso, bellísimo recodo del filme, con aquellos dramones al estilo de La fuerza del cariño, que buscaban pastorear al público hasta el terreno de la sensiblería, con este tremendo, verídico, lacerante segmento de la historia, plena de auténtica emoción, de contenido padecimiento.


Seguramente no es Elegy la mejor película hasta ahora de Coixet (para mi gusto lo sería La vida secreta de las palabras), pero también es verdad que, sin ser la obra maestra que pudiera haber sido, es un filme muy notable, que reconcilia con el ser humano, con su capacidad para amar, aunque también para compadecernos de su cobardía, de su miedo al compromiso, de su constante huida hacia ninguna parte.


Excelentes los protagonistas: Ben Kingsley, en un papel complicado, en el que debe ser sensual, sexual, sin parecer un viejo verde; Penélope Cruz, a la altura de sus mejores envites en Europa (Volver, No te muevas), ya que sabemos que habitualmente, en Estados Unidos (menos en este caso), sus interpretaciones suelen ser bastante flojitas; Dennis Hopper, extraordinario en su personaje de escritor crápula, compulsivamente mujeriego, tal vez un trasunto aerodinámico de Bukowski; por fin, Peter Sarsgaard repite su papel de villano, en este caso matizado por el hosco, sordo resentimiento hacia un padre que hizo lo que él nunca osó hacer; claro que Sarsgaard, con esa obtusa, fría mirada de párpados semicerrados, ¿de qué puede hacer, sino de malo?


 


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108'

Año de producción

Elegy - by , Jul 10, 2015
3 / 5 stars
El animal moribundo