Película: Elysium Definitivamente, los tiempos aciagos (y a qué dudarlo estos los son, aunque seguramente serán peores, y ojalá me equivoque) dan en proponer distopías, o antiutopías, sociedades futuras donde el ser humano es sojuzgado de muy diversas formas. Recordemos a vuela pluma que en otro tiempo de zozobra como fueron los años sesenta y primeros setenta, con un cambio social, político, cultural y formal tan importante como tuvo lugar en esos años, abundaron los títulos de ese corte, desde la iniciática El planeta de los simios (versión Franklin Schaffner, se entiende) hasta Soylent Green/Cuando el destino nos alcance, o la primera versión de la novela de Richard Matheson, Soy leyenda, que llevó el más prosaico título de El último hombre vivo.

Pues desde hace unos años para acá las distopías, apocalípticas o no, se suceden a un ritmo desconcertantemente rápido; a vuela pluma podemos citar, sin ser exhaustivos, títulos como Oblivion, Total Recall, In Time, Looper, Gamer, Los sustitutos, La isla, Yo, robot... una larga lista de películas en las que la sociedad humana ha evolucionado hacia formas muy distintas de las actuales, aunque algunas, quizá todas, pueden reclamar ser continuadoras de algunas de las tendencias que, a día de hoy, se comienzan ya a apreciar en nuestro mundo.

Elysium aporta una nueva perspectiva. Aquí tendremos un mundo futuro, como en todos los otros filmes, ambientado hacia mediados del siglo XXII, cuando la Tierra se ha vuelto tan insalubre, tan contaminada, tan invivible, que una minoria millonetis se ha construido un mundo paralelo, una estación orbital, la Elysium del título, donde disfruta de los placeres de la buena vida, mientras los seres humanos que no tienen donde (literalmente...) caerse muertos, sobreviven como buenamente pueden en el planeta origen de nuestra raza. Por supuesto los de abajo están lampando por alcanzar la estación orbital y, con ella, el bienestar de la élite y, como culmen de la misma, la inmortalidad que confieren avanzadísimas máquinas capaces de curar una leucemia terminal en apenas unos segundos. Por supuesto también, los que viven arriba, en el espacio, los privilegiados por el dinero o la casta, o ambas cosas, desprecian a los terrícolas que malviven en el que fuera su lar, y hacen uso de todos los medios a su alcance, legales, alegales o directamente ilegales, para evitar perder su posición.

En ese contexto tendremos a un pobre diablo que sufre un accidente letal y busca, entonces, la curación en la salvífica tecnología de la estación orbital; una estricta gobernanta (bueno, ésta no lleva botas de cuero ni usa fusta, pero como si lo hiciera...) que se encarga de evitar tal cosa a todo trance; y su esbirro, un tipo medio chalado, o chalado entero, que actúa de mamporrero de la bella política de cojones de hierro.

Neill Blomkamp nos interesó mucho en su notable District 9, donde planteaba una inusual parábola sobre el apartheid que tenía un valor especial, teniendo en cuenta que él es surafricano de nacimiento (blanco, por cierto), aunque emigrara en su juventud a Canadá. Aquí hay también un tratamiento de ciencia ficción para un tema político, o social, nada menos que la lucha de clases, una dialéctica cuasi marxista donde los ricos, como en el siglo XIX, sojuzgan a unos pobres que, abriéndose el siglo XX, acabaron por explotar, tomaron el Palacio de Invierno y cambiaron el mundo. Sí, es verdad, no lo cambiaron del todo, y de hecho estamos viendo hogaño cómo caen las máscaras de quienes se decían demócratas y defensores del Estado del Bienestar para mostrar sus horrendos rostros de insaciables depredadores de las grandes corporaciones multinacionales.

Elysium, entonces, resulta ser un entretenido relato que, en el fondo, plantea una estimulante reflexión sobre la igualdad de oportunidades, la democracia real, los derechos civiles y la aberrante preeminencia del poder del dinero sobre cuestiones esenciales tales como la salud, la mera vida. Lástima que el propio concepto de megaproyecto se haya comido el planteamiento filosófico para quedarse casi siempre en el puro entretenimiento de acción, con fatigosas escenas de violencia que resultan tan exageradas que terminan por causar rechazo en el espectador: y es que la verosimilitud es una virtud que hay que cultivar siempre, incluso a la hora de dar tortazos...

Matt Damon luce bonita calva y mucha mueca de dolor, como corresponde a su vapuleado rol; lo mejor, sin duda, ese papel a lo Angela Merkel que se marca aquí Jodie Foster, incluso copiando muy libremente algunos de los signos externos de la canciller deutch: siempre vestida con trajes de chaqueta (eso sí, aquí de un único, y elegantísimo, tono cromático, y a la espléndida Jodie le sientan infinitamente mejor que a la germana), corte de pelo a lo “garçon”, mirada glacial...

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109'

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Elysium - by , Aug 23, 2013
2 / 5 stars
Asalto al Palacio de Invierno