Película: En el punto de mira Este peculiar thriller norteamericano, ambientado en su totalidad en la ciudad castellano-leonesa de Salamanca, aunque rodado en buena parte en México, por aquello de que, como decía irónicamente Eduardo Noriega en una entrevista, no les estaba permitido (estaría bueno…) volar la Plaza Mayor de la bella ciudad española (construyeron una reproducción a escala en el país azteca), no es ninguna joya, pero desde luego es bastante mejor que el infumable producto que el equipo crítico habitual ha despachado con un par de adjetivos despectivos. Hombre, ya sabemos que las distintas versiones de un mismo hecho tienen una incuestionable referencia en la magistral “Rashomon”, de Kurosawa, a la que incluso el cine yanqui homenajeó en “Cuatro confesiones”, de Martin Ritt, nada menos que con el Paul Newman de sus buenos años; pero también es verdad que este “En el punto de mira” no es, en sentido estricto, una película de varias versiones, casi todas falsas menos una verdadera, o incluso todas falsas. Aquí todo lo que se cuenta es cierto, aunque esté maquillado en algunas de esas versiones por el montaje casi teatral que hacen los terroristas de turno para conseguir sus abyectos propósitos, que no revelaremos, como es obvio, porque buena parte del interés de la historia consiste precisamente en sus sorpresas y en el progresivo desvelamiento de sus sucesivas claves.
Salamanca, en un tiempo indeterminado, probablemente dentro de algunos años: una cumbre mundial contra el terrorismo, encabezada por Estados Unidos, tiene lugar en plena Plaza Mayor de la ciudad; allí están, entre otras personas, un guardaespaldas del presidente que le salvó la vida con su propio cuerpo, tiempo atrás; la realizadora de un famoso programa de televisión; un turista de viaje por Europa, intentando poner orden en su cabeza ante su inminente separación conyugal; un policía español, guardaespaldas del alcalde, que mantiene una extraña relación con una chica de mirada turbia; una madre con su niña que come un helado; un hombre de aspecto árabe que maneja tranquilamente una PDA con la que desencadenará los acontecimientos…
Evidentemente, este filme no sería el brillante ejercicio de estilo que es si no estuviera contado en la forma que lo está, fraccionando la acción hasta en ocho acciones sucesivas de unos mismos hechos, presentadas desde otros tantos puntos de vista, que se van complementando y aportando nuevas perspectivas, dotando a la acción de un ritmo trepidante (a veces demasiado…), que lleva en volandas al espectador hasta el final. Evidentemente, Pete Travis, el director, no es un exquisito, pero sí es cierto que sabe dotar a la película de interés y demuestra capacidad de enganche. Es este filme al cine lo que las novelas de Ken Follett a la literatura, no precisamente una obra de arte, pero sí un entretenimiento solvente y digno, que no toma al pelo al espectador, y que incluso se permite algunos lujos para este tipo de productos: véase el torturado guardaespaldas del presidente, al que sus fantasmas acosan sin cesar; lejos del héroe incólume y optimista, es un hombre con graves problemas psicológicos, que intenta afrontar, no siempre con suerte.
El resultado es bueno, desde el punto de vista comercial (basta ver las notables taquillas, tanto en USA como en España), pero también desde la perspectiva de un cine industrial que no por ello nos toma por mentecatos. Eso sí, hay cosas que “cantan” cantidad; por ejemplo, la facilidad con la que el guardaespaldas del presidente se desenvuelve por Salamanca, sin un mapa que echarse a los morros, como si fuera su ciudad natal: la desenvoltura con que ese mismo agente conduce un coche español, con marchas, cuando es conocido que los yanquis manejan habitualmente vehículos con cambio automático; o los terroristas, todos con una pinta de moros (uy, perdón, de árabes…) que tiran de espalda, pero que después se llaman Felipe, Javier, y nombres así, de lo más hispánico; el presidente filántropo no deja de ser una licencia poética… por decir algo. Por cierto, notable el detalle de ambientación en la Plaza Mayor, no sólo con banderas españolas, sino incluso de la propia comunidad autónoma, Castilla-León, donde está ubicada Salamanca. En definitiva, hora y media de sano entretenimiento, con un producto aseadamente realizado y con una estructura que se sale de lo habitual, lo que siempre es de agradecer en este cine comercial cada vez más adocenado que padecemos.

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90'

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En el punto de mira - by , Mar 08, 2008
2 / 5 stars
Salamanca (un mapa)