Película: En la casa Habíamos apreciado ya a François Ozon en empeños notables como El tiempo que queda, pero esta En la casa da una vuelta de tuerca más en el interés de su cine. Basándose libérrimamente en la obra teatral El chico de la última fila (por cierto, título escrito así, en español, en los créditos del filme: qué lección de respeto…), del dramaturgo madrileño Juan Mayorga, Ozon construye un fascinante filme sobre la vida, la literatura, la ficción, el voyeurismo y la forma en la que todo ello se puede mezclar.

Un profesor de literatura en un instituto, frustrado escritor, casado y sin hijos, observa en un trabajo de redacción de uno de sus alumnos (de carácter callado, sentado siempre en la última fila) un inusual manejo de la lengua francesa, una insospechada capacidad para narrar; el tema, además, es su mejor amigo y la familia de éste, la casa, el lar paterno en el que el alumno se va adentrando con astucia, y cuyas crónicas –terminadas todas con el inevitable “(continuará)”, como en los seriales televisivos o los folletones decimonónicos--  va aportando periódicamente al profesor, que le guía, le critica, le alaba sus textos, interactúa, a veces queriendo, a veces sin querer, en esa realidad narrada, que puede corresponderse, o no, con la realidad real (valga la inevitable redundancia).

Hipnótica con frecuencia, en esa descripción de una vida espiada en la que el espía también actúa, modificándola, está lo mejor de esta ciertamente espléndida cinta, un filme sobre la vida y la ficción, sobre cómo puede actuar la literatura sobre la realidad, y a la inversa, en un fascinante juego de ficción dentro de la ficción que engancha sin remisión al espectador.

Es verdad que el final no está a la altura de este delicioso juguete dramático sobre la verdad, la mentira, la impostura, la mirada del entomólogo que, ¡ay!, interviene activamente sobre el objeto de su experimento, pero es que ciertamente era imposible resolver este embrollo con un desenlace que no perdiera fuelle con respecto al planteamiento y al nudo (ya que estamos ante una adaptación de una obra literaria, la cita de los tres actos básicos del teatro no es banal). De todas formas, ese final, entre La ventana indiscreta y la viñeta tebeística de 13, rue del Percebe, no deja de ser un final abierto, una resolución libre y distinta, una forma de rematar una historia que imbrica cine y literatura como quizá no se hiciera desde, al menos, La lectora, la inolvidable película de Michel Deville.

Mención aparte para los intérpretes: Fabrice Luchini borda su trabajo, un profesor fascinado por el laberinto en el que, casi sin darse cuenta, está siendo introducido por su taimado alumno; Luchini, que fue durante años actor-fetiche de Eric Rohmer, parece ahora cambiar de caballo y pasarse a las huestes de Ozon, con el que ya ha rodado dos largometrajes y una serie de televisión; claro que Rohmer ya ha muerto, así que no cabe hablar de infidelidades interpretativas; Ernst Umhauer es el alumno, demostrando con sus pocos años (algunos más que los de su personaje, de todas formas) que tiene madera de buen actor; del resto nos quedamos con la elegancia y el saber estar de Kristin Scott Thomas, que rueda con soltura en francés, como ya demostró en filmes como Partir, y con la belleza madura, apropiadamente classe moyenne, de Emmanuelle Seigner, otro de los títeres que se mueven al compás que le imprimen sus manipuladores, el profesor y su alumno, entre los que también hay quien manipula y quien es manipulado sin saberlo…

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105'

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En la casa - by , Nov 17, 2012
4 / 5 stars
(Continuará)