Película: En otro país No seré yo, precisamente, quien abomine de los experimentos en cine. Sin ellos estaríamos todavía filmando cosas como La salida de los obreros de la fábrica Lumière, la película que inauguró oficialmente el cine, allá por 1895. Pero a veces uno se pregunta cuál es el sentido de los experimentos, y, sobre todo, cómo se conjuga la exploración, cuando no está afinada, con los legítimos intereses del público, que busca, lógicamente, algo coherente, algo hecho, algo que le entusiasme, o le divierta, o le emocione, o todo ello a la vez. No estamos hablando de públicos acomodaticios, ni inanes, ni proclives al mero entretenimiento; estamos hablando de espectadores que buscan ese otro cine que se reputa artístico, o cultural, o intelectual.

Me temo que ese público, el que sostiene el cine independiente, aquí y en Pekín (o en Seúl, que pilla cerca…), no estará precisamente muy conforme con experimentos como esta En otro país, película del surcoreano Hong Sang-soo, cineasta que se estrena por primera vez en Occidente, aunque tiene tras de sí ya una bastante nutrida filmografía.

Veamos: un “resort” (eso que siempre se ha llamado un lugar de vacaciones) en Corea del Sur; una mujer de mediana edad (aparente: realmente tiene seis décadas encima), actriz, se aloja en una especie de bungalow, de vacaciones; alrededor de ella veremos a un matrimonio, ella embarazada, con una barriga hasta la boca, y celosa de cualquier cosa con faldas, él ligeramente mentecato y más caliente que el palo de un churrero; además aparecerá una provecta amiga coreana de la actriz y un socorrista memo que no sabe donde está el faro del lugar, como si fuera él también un turista, aunque no lo sea.

Con esos mimbres Hong monta varias historias (tres creo que son, pero no me echen mucha cuenta: llega un momento en que no sabe uno donde está, ni siquiera la hora que es…) en las que los intérpretes, siempre con sus mismos personajes, ponen en imágenes varias escenas con diversas variaciones sobre el mismo tema. La actriz en una aparece sola para sus vacaciones y en otra de las líneas argumentales alternativas va acompañada de la amiga coreana; en otra la relación entre la occidental con el marido calentorro se queda en un cruce de insinuaciones picantes y en otra se dan un pico, siendo descubiertos por la preñada ultracelosa que monta un pollo; en otra la francesa (por cierto, hablando en inglés: Vive la France!) conoce al socorrista y en su escena alternativa llega a acostarse con él (al menos eso parece: ambos despiertan juntos en la tienda de campaña de él), etcétera, etcétera (ya que estamos, cada uno de estos etcéteras debe entenderse como una variación del otro…).

Volvemos al principio: nada que oponer a los experimentos en cine; hay que seguir avanzando, buscando nuevos caminos. Pero el investigador científico (aunque el cine no sea una ciencia, creo que vale el símil) no expone sus resultados hasta que no los ha comprobado (“testado” dicen ahora, con un insoportable anglicismo) en laboratorio. Es decir, no realiza el experimento para una nueva medicina en el enfermo que la precisa, sino que previamente la ha contrastado donde debe, en la trastienda del laboratorio.

Entonces, en cine debería hacerse algo por el estilo. ¿Es congruente presentar estas digresiones al público, sobre las diversas formas, los diferentes modos en que puede fluir una historia mínima? ¿Tiene ello algún valor para el espectador? ¿Nos permite crecer como personas? ¿Nos hace meditar sobre nosotros, o el cine, o el mundo? Me temo que no. En ese contexto, En otro país queda como una curiosidad que, me temo, no tendrá mucho alcance, por mucho que haya quien piense que es Ciudadano Kane. Pues no lo es: aquí no se pone patas arriba nada, salvo las meninges del espectador, y no precisamente para mejor.

Quede la calificación de dos estrellas, “interesante”, como reconocimiento por el arrojo mostrado por un director que, ciertamente, los tiene que tener cuadrados, si me permiten la expresión más bien grosera, para hacer una película sobre mimbres tan mínimos y con la expresa intención de cabrear al espectador. También el riesgo en la búsqueda de otras fórmulas de hacer cine, por qué no, aunque insisto en que la experimentación debe hacerse en el laboratorio, y sólo publicarlo en Nature o Science (vale decir  exhibirlo en las salas de cine, siguiendo con el símil  científico) cuando se compruebe su validez.

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En otro país - by , Jun 01, 2013
2 / 5 stars
Los experimentos y la gaseosa