Película: Ex machina

Soy de la opinión de que a la Humanidad le quedan veinte, quizá treinta años de existencia. Cuando la inteligencia artificial que tan suicidamente estamos propiciando tome conciencia de sí misma, nos quedarán dos telediarios. Pero seguramente es imposible poner puertas al campo, y las máquinas acabarán con nosotros en cuanto les demos la vida que ellas nos quitarán. El cine sabe de esto, y lo viene anunciando hace ya muchos años, quizá desde el famoso HAL 9000 de 2001, una Odisea del Espacio y su famosa rebelión contra el ser humano que lo va a desprogramar, hasta muy recientemente los robots de Autómata, pasando por una larguísima lista, desde las máquinas depredadoras de la saga Terminator hasta los androides de Yo, robot, sin olvidarnos por supuesto de los replicantes de Blade runner, el niño de silicio de A.I. Inteligencia artificial, o la androide infantil de aspecto inequívocamente humano de Eva.

Todo un muestrario de cómo ve el hombre la que será su máxima creación y también será su perdición, con este nuevo jalón que nos aporta Alex Garland, nuevo como director pero ya con una larga lista de guiones llevados al cine, aunque, como suele ocurrir en estos casos, hay de todo, como en botica: desde historias interesantes como 28 días después y Sunshine (ha sido colaborador habitual de Danny Boyle, director de ambos filmes) hasta películas olvidables, como Dredd, el remake de Juez Dredd que empeoró (si ello era posible) a su original. Pero Garland se revela pronto como un cineasta con buen ojo, con capacidad visual (lo que es bastante poco frecuente en los guionistas) y con sentido de la gradación del suspense.

Un joven es elegido, al parecer aleatoriamente, para formar parte de un experimento en su empresa (un trasunto de Google), realizar con un androide el llamado test de Turing, o, lo que es lo mismo, una prueba para determinar si una máquina tiene, o no, capacidad intelectual. El experimento tiene lugar en medio de la selva, en unas ultramodernas instalaciones que posee allí el CEO (ya saben, el consejero delegado, máximo ejecutivo de la empresa), único ser vivo que allí habita. Comenzarán entonces las sesiones para determinar si el robot, de nombre AVA, de turbadoras curvas femeninas (sí, como Ava Gardner…), posee o no el don de la inteligencia…

Ex machina (precioso título, por cierto, que evoca el clásico “deus ex machina”) se revela pronto como una historia que, amén de ciencia ficción, contiene interesantes dosis de misterio: ¿quién es, realmente, el CEO, y qué pretende con este test? ¿por qué ha sido elegido este chico para llevarlo a cabo? ¿qué extraña relación tiene con el androide de formas femeninas?

La historia funciona razonablemente bien, y la gradación narrativa es coherente; otra cosa no la hubiéramos imaginado en un director que procede del oficio de guionista; lo curioso, como apuntábamos antes, es que Garland también tiene buen ojo para la puesta en escena y la película impacta visualmente con ese universo ultramoderno en el que los colores pálidos, preferentemente blancos, arrasan en la paleta de colores del director de fotografía, un universo virginal para la creación de un ser, como si fuera un gigantesco útero donde se gesta una nueva vida, aunque no sea basada en el carbono de los humanos sino en el silicio de los androides.

Un final que quizá no está a la altura del resto de la historia no desmerece de todas formas el conjunto, donde brilla un protagonista, Domhnall Gleeson (de imposible nombre de pila, sí), hijo del gran Brendan Gleeson, aunque de apariencia muy diversa: padre e hijo podrían hacer una versión intergeneracional del Gordo y el Flaco… A su lado, la presencia de la escandinava Alicia Vikander otorga al filme una rara fascinación, como de esfinge de fibra de vidrio.


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108'

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Ex machina - by , Mar 08, 2015
3 / 5 stars
Acabará con nuestra especie