Película: Expiación. Más allá de la pasión

Joe Wright nos sorprendió gratamente hace apenas dos años con su versión de la janeausteniana Orgullo y prejuicio. Aquella película, y sus antecedentes de costeadas y estimulantes historias de época en series televisivas británicas hicieron prever que podríamos estar ante el James Ivory del siglo XXI, una vez que el cineasta norteamericano (californiano, por más señas) más “british” (por la temática y la estética que ha cultivado de forma ininterrumpida en toda su carrera) ha tiempo que no hace una buena película, y que tiene ya una edad (frisa los ochenta años cuando se escriben estas líneas) en la que está claro que no tiene ya mucho recorrido, al menos como director (ya se encargarán de ello las compañías aseguradoras…).


El caso es que Wright, que además es genuinamente inglés, de Londres por más señas, tiene todas las bazas para ocupar el trono del cineasta “britanizante” (si nos permiten el palabro: espantoso, es verdad…); y lo hará con películas como esta Expiación (a la que en España se le ha añadido un subtítulo más bien tonto, como de los años del cine calificado “S”), un sólido melodrama, bellamente contado, con su grave tragedia promovida por la típica impúber imbécil, que llevará al abismo a un joven amigo y, ya de paso, se llevará por delante la incipiente relación amorosa que el guapo mantiene con su hermana.


Wright, con buen criterio, opta por una realización estilosa, en la que juega con los “tempos”, duplicando escenas con distintas perspectivas, lo que, aunque supone una cierta petulancia, conviene bien a la historia y al tono decadente de la Inglaterra postvictoriana de los años treinta, en aquellos años en los que la tormenta de la Segunda Guerra Mundial se oteaba en el horizonte, donde los sentimientos estaban a flor de piel, recelosos de que la catástrofe que se barruntaba terminara barriendo sus vidas, como así fue en tantos casos.


No conozco la novela original de Ian McEwan, pero no hace falta: la película que de ella ha extraído Wright es un poderoso melodrama, bien contado, que aspira, con éxito, a llegar al corazón. Es verdad que hay cierta reiteración en las escenas en el hospital, con una insistencia en mostrar los cuerpos reventados de los soldados que no aporta nada a la historia, más allá de hacernos ver la expiación a la que la co-protagonista voluntariamente se entrega. Pero algunas escenas son memorables: véase el plano-secuencia en la playa, en plena “debàcle” en el desembarco de Dunkerke, un desastre bélico sin paliativos en el que Wright introduce a su protagonista, vagando por un universo arenoso y dantesco durante varios minutos, ininterrumpidamente, en una coreografía de masas de complejísima realización; o el bellísimo pero tan triste encuentro de la impúber idiota, ya adulta y más madura, expiando sus penas como enfermera, a la cabecera de la cama del francés agonizante.


Bien Keira Knightley, esa nínfula, esa náyade sin agua (y sin tetas, es verdad…) que está haciendo olvidar a su cuasi gemela Winona Ryder, ya hace tiempo de capa caída. James McAvoy se está convirtiendo en el galán británico perfecto, un escocés con la mezcla exacta de virilidad y emoción. Claro que, puestos a destacar, habrá que hacerlo con el breve papel de Vanessa Redgrave, apenas unos minutos en la historia, en su hodierno epílogo, en el que la vieja y grande protagonista de Isadora nos regala unos momentos espléndidos. Sólo por verla a ella vale la pena este, por lo demás, tan hermoso, duro, percutante melodrama, en el que, ¡ay!, quizá no sea posible, como afirma su protagonista, que la historia se pueda retomar…


 


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120'

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Expiación. Más allá de la pasión - by , Jan 10, 2015
3 / 5 stars
La historia se puede retomar