Película: Fantasmas de Marte La última película que (a la hora de escribir esta crítica) ha dirigido el ya clásico del cine de terror John Carpenter es esta curiosidad, rodada en 2001, pero cuyo fracaso en taquilla (28 millones de dólares de presupuesto, apenas 8 millones de recaudación) abocó a su autor a una travesía del desierto de la que parece va a recuperarse no tardando mucho, aunque ello suponga, en términos absolutos, más de siete años de ostracismo como director. Entre tanto ha sobrevivido a base de cobrar por los derechos de varias secuelas de sus obras seminales, desde “La noche de Halloween” (dos “remakes” nada menos, uno a manos del controvertido Rob Zombie) a “Asalto a la Comisaría del Distrito 13”, incluyendo otra nueva versión de “La niebla” (a no confundir con la inspirada en la novela de Stephen King, dirigida por Frank Darabont).
“Fantasmas de Marte”, como película plenamente inscribible en el género de terror, tiene una peculiaridad fundamental, su ambientación en un paisaje de ciencia ficción, como sería el Marte colonizado por los seres humanos del año 2150, cuando el Planeta Rojo está siendo explotado sin pudor por los terrícolas, a la manera en que ya esquilmaron (esquilmamos) su (nuestro) propio planeta en los veintiún siglos anteriores. En ese contexto, un tren de transporte militar, que debe llevar a un preso de extraordinario peligro hasta la civilización, llega a una pequeña población donde ocurren cosas extrañas. Pronto los policías se ven acorralados por unas hordas primitivas, que resultan ser los antiguos habitantes del lugar, en su mayoría mineros, que han enloquecido por causas desconocidas.
Estamos entonces ante una nueva revisión de la tan querida situación carpenteriana de los acosados en un reducto cerrado, que en distintas variantes hemos visto en las mentadas “La noche de Halloween”, “Asalto a la Comisaría del Distrito 13” y “La niebla”, pero también en “La cosa” y “1999: Rescate en NuevaYork”, por citar las más evidentes. Se repiten también otras constantes carpenterianas: el bragado delincuente que resulta tener mejor fondo que algunos que supuestamente están del lado de la Ley, las descaradas insinuaciones de corte sexual, la lucha contra elementos que escapan a la lógica natural, insuflados de una violencia demente, brutal. También es muy de Carpenter la adaptación de paisajes “normales” a espacios de terror, desde el barrio de tranquila clase media yanqui que se convierte en un infierno en “La noche de Halloween” a la ratonera a la que deviene la comisaría de “Asalto a la Comisaría…”, o, en este caso, el Planeta Rojo (muy apropiadamente iluminado con tonos escarlatas, bermejos, granas, encarnados, púrpuras, toda la gama cromática carmesí), donde uno espera una historia de ciencia ficción antes que una horda de desalmados sin alma, armados y ataviados al gusto de la saga “Mad Max”.
No es “Fantasmas de Marte” una película a la altura de los grandes filmes carpenterianos, pero no mereció un tan mal trato por parte del público. Es un terror en clave de ciencia ficción con muchos puntos de interés, desde el desarraigo de los protagonistas, abocados a un enfrentamiento que les supera, hasta el tradicional desdén con que el poder trata los fenómenos que no puede entender. Además, hay algunos secundarios de auténtico lujo, desde la estupenda Pam Grier (aquí una capitana de policía de lúbricas tendencias lésbicas), inolvidable protagonista de tantos “blaixplotation” de los años setenta, reivindicada por Tarantino en su “Jackie Brown”, hasta Joanna Cassidy, la memorable encantadora de serpientes de “Blade Runner”.
La frase “la marea está alta, y el agua sigue subiendo” es un “leit motiv” del filme, como metáfora de que los problemas a los que se tienen que enfrentar los protagonistas, tal vez sin esperanza, no dejan de crecer; quizá sea una frase que defina adecuadamente el cine de Carpenter: las cosas están jodidas, se pondrán aún peor, pero en esa tesitura sólo nos queda luchar hasta el final, aunque sepamos que vamos a perder. No deja de ser curioso que esa filosofía sea precisamente la de este viejo, y bueno, e irregular director, guionista, compositor, actor, productor y hasta montador, un auténtico hombre-orquesta que ha conocido momentos de gloria, aunque ya hace tiempo que nadie da un ochavo por él; y es que la marea está alta…

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98'

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Fantasmas de Marte - by , Aug 03, 2007
2 / 5 stars
La marea está alta