Película: Figuras ocultas

Theodore Melfi interesó hace unos años con su primer largometraje como director, St. Vincent (2014), que nos descubrió un cineasta que, si bien no parecía excelso, sí tenía ideas y sabía cómo ponerlas en escena. Con su segundo largo, este Figuras ocultas, confirma esa apreciación y además se puede decir sin faltar a la verdad que ha pulido su estilo y ya se le nota mucho más seguro. Se puede afirmar también que su cine se va perfilando como de corte liberal, humanista, aspecto que ya estaba en la mentada St. Vincent, pero que aquí es mucho más evidente.

En el profundo sur de América (Virginia para la ocasión), a mediados de los años veinte, una niña de apenas ocho años, de raza negra, demuestra unas prodigiosas capacidades para las matemáticas; sus profesores quieren que acuda a la mejor escuela que admite negros en el Estado. Años más tarde, a principios de los sesenta, ella y otras dos cerebritos afroamericanas son contratadas como “computadoras humanas” por la NASA para preparar los primeros vuelos espaciales de la Agencia. Inicialmente preteridas por su color y su sexo, pronto el jefe supremo se da cuenta de la gran valía de la protagonista y comienza a darle espacio, entre las reticencias sordas (y no tan sordas…) de los soberbios científicos blanquitos que, sin embargo, no llegan a su altura.

Figuras ocultas es la adaptación al cine del libro Hidden figures: The Story of the African-American Women Who Helped Win the Space Race, original de la también virginiana Margot Lee Shetterly, cuyo padre trabajó precisamente en la NASA en los años que se relatan en el volumen y en la película. Melfi opta por contarnos con vehemencia, pero también con sutileza, la historia profesional, y a ratos también la personal, de la protagonista y sus dos amigas, tres cerebros privilegiados a los que su condición femenina y racial les puso muy cuesta arriba demostrar su excepcional valía como científicas.

Estamos entonces ante un filme que lleva en su ADN un plus, el de hablar, el de hablarnos, de una injusticia lacerante que quiero creer que pasó a la Historia, aunque queden rescoldos de ese racismo y de ese machismo que con frecuencia abandona el estado de latente para pasar al de patente. Con una interesante gradación de la intriga en cuanto a cómo conseguiría la NASA poner a un hombre en el espacio (John Glenn, por cierto fallecido hace pocos días, ya nonagenario, cuando se escriben estas líneas), aunque por supuesto se conoce el final, la película se deja ver con agrado, no sólo por su nítido mensaje humanista y en pro de los derechos civiles, sino por su buena factura y por reflejar con justeza esa (a veces callada, las más de las veces atronadora) abominable repugnancia que los blancos de la época mostraban hacia sus semejantes que tenían otro color de piel.

El trío protagonista, Taraji P. Henson, Octavia Spencer y la también cantante Janelle Monáe, estupendas, en especial la primera, que da vida a una genio que, si no hubiera sido negra y mujer, habría dirigido la NASA. Kevin Costner confirma que, como otros actores maduros (Matthew McConaughey, Jeff Bridges, Bill Murray, entre otros), los años, a efectos interpretativos, le están sentando la mar de bien. Aquí es el liberal jefe de la Agencia Espacial que habrá de vencer las rémoras, los obstáculos, los reparos de toda una comunidad de gente de ciencia que, extrañamente, no veía incompatibilidad entre su apuesta por el progreso del ser humano y su execrable postura racista.

Como secundario aparece Jim Parsons, el popular Sheldon Cooper de la serie Big Bang, aquí de nuevo científico (ingeniero aeroespacial en vez de físico teórico), como en la serie, aunque sin estar aquejado del síndrome de Asperger que le hace ser un personaje tan delicioso. Eso sí, está tan lacónico que a veces pensamos que sigue interpretando el papel de la serie televisiva…

La película se abre con la pequeña Katherine caminando por el bosque, quizá de vuelta de la escuela, mientras va recitando en voz alta los números primos, citados sólo con ese sustantivo, entre el resto de las cifras que va desgranando: …14, 15, 16, primo, 18, primo, 20, 21… Esa niña que tuvo que luchar para ser respetada como la científica de primera línea que era, que tuvo que vencer los prejuicios por ser negra y mujer, ya apuntaba tan pequeña que lo suyo, lejos de jugar con muñecas, era imaginar un mundo donde los números eran la solución de todo: como lo fue enviar a John Glenn al espacio, y conseguir traerlo de vuelta, indemne, gracias a sus prodigiosos cálculos de computadora humana.


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127'

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Figuras ocultas - by , Jun 22, 2017
3 / 5 stars
…14, 15, 16… primo, 18… primo, 20, 21…