Película: Fracture Gregory Hoblit se hizo popular ahora hace una década larga con su curiosa “Las dos caras de la verdad”, un tanto tramposo thriller judicial sobre la inocencia, la apariencia y la realidad de las cosas, que dio oxígeno a un entonces algo asfixiado Richard Gere y, sobre todo, descubrió para el mundo a Edward Norton. Pero Hoblit no era un recién llegado. De hecho, se puede decir sin faltar a la verdad que su nombre está unido (iba a decir “uncido”, ya puestos…) a series televisivas del prestigio de la mítica “Canción triste de Hill Street” y las no menos interesantes “La ley de Los Ángeles” y “Policías de Nueva York”; en todas ellas ha actuado simultanea o alternativamente como director, productor y guionista, y se ha labrado un prestigio como profesional solvente. Sin embargo, en cine no parece haber encontrado ese mismo pulso que le mantiene como uno de los grandes de la televisión USA actual. Sus filmes para la gran pantalla todavía parecen estar más interesados en la sorpresa final (la citada “Las dos caras de la verdad”, “Frecuency” o esta “Fracture”) que en aportar sólidos productos cinematográficos.
Así las cosas, “Fracture” se presenta pronto como una historia de crimen perfecto, no porque el criminal haya disimulado todas las pruebas para aparecer exonerado de su delito, sino precisamente porque confiesa desde el primer momento, pero ha preparado una argucia legal que le permita eludir la acción de la justicia. Estamos entonces ante un “tour de force”, con joven y brillante abogado que apura sus últimos días en la fiscalía para ingresar en potente bufete, pero al que se le atragantará este último caso, terminando por convertirse en un asunto personal, más que profesional. Su implicación le acarreará probablemente la ruina de su carrera, la pérdida del amor de una ninfa de muchos quilates, pero tal vez le permita conservar su autoestima como ser humano cabal.
Ése es quizá el mejor venero de este thriller judicial que juega con las convenciones del género, con la traca final que pondrá las cosas en su sitio, pero habrá cambiado profundamente al protagonista, que entenderá finalmente que la distancia entre un hombre y un marrajo es abismal, aunque ambos puedan habitar el mismo cuerpo.
“Fracture” descansa fundamentalmente, como era de prever, en un icono moderno como es Anthony Hopkins, que para la ocasión compone un personaje que parece el primo ingeniero de su inolvidable Hannibal Lecter. Hombre, a este tipo no le va comerse las asaduras de su enemigo, pero comparte con el famoso médico antropófago su falta absoluta de escrúpulos, su refinada, superlativa inteligencia, su gusto por el enfrentamiento intelectual con otra mente brillante. Hopkins está como siempre, inmenso, y siempre que él aparece en pantalla la película gana en densidad, en profundidad, en intensidad.
Otra cosa es el caso de su antagonista (protagonista realmente, porque aquí el malo es la estrella Hopkins), Ryan Gosling, talento emergente que, sin embargo, no parece el más adecuado para este personaje; porque, incluso físicamente, el tipo de papel que mejor cuadra a esos ojillos pícaros, a ese rostro con un punto canalla, es el de villano, o al menos el de personaje socialmente conflictivo; véanse, por ejemplo, sus roles en “Asesinato, 1, 2, 3” (qué espantoso título español para el precioso “Murder by numbers” original), “El creyente” o “Half Nelson”. Además, Gosling debe ser alumno del Método, y Stanislavski debe habérsele indigestado, porque no habíamos visto a nadie haciendo más muecas ni rascándose tanto la cabeza en pantalla desde que James Dean montara su numerito de hijo incomprendido en “Rebelde sin causa”…

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115'

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Fracture - by , Oct 25, 2007
2 / 5 stars
El primo ingeniero de Hannibal Lecter