Película: Grand piano Vaya por delante que la apuesta de Eugenio Mira y de sus productores me parece muy estimulante: ahí es nada hacer un filme con pabellón exclusivamente español pero rodada en inglés, con intérpretes anglohablantes y localizada en una gran urbe norteamericana; se busca, evidentemente, no circunscribirse a las fronteras hispanas, sino poder concurrir a otros mercados, fundamentalmente el yanqui y, a través de él, tener acceso a otros muchos países. Pero (siempre tiene que haber un pero…) todo eso está muy bien, pero después el producto también tiene que responder. Y me temo que Grand piano deja bastante que desear.

Veamos: la idea es plantear un “tour de force”: un pianista genial pero que cinco años antes se había retirado de los escenarios por mor de una errónea interpretación de un tema que se reputaba imposible, lo que le induce al miedo escénico, vuelve a tocar de nuevo ante el público; esa noche, sin embargo, ya en escena, empieza a recibir mensajes, que pronto se da cuenta son muy reales, de que alguien le tiene literalmente en el punto de mira de su rifle, y también a su novia; la consigna es clara: ha de interpretar todo el programa previsto sin errar ni una sola nota, so pena de ser abatido sobre el propio escenario por el invisible agresor. El protagonista intentará desde ese momento sortear las amenazas que le lanza el criminal, aunque al final tendrá que tocar, por imposición de quien le apunta a la cabeza, la famosa pieza imposible en la que erró cinco años atrás…

Un thriller de estas características ha de estar muy bien escrito y muy bien dirigido; en lo primero se puede decir que el guion, lamentablemente, hace aguas por todas partes; el tono suavemente taumatúrgico inicial (un tirador omnisciente, que lo sabe todo del protagonista, pero totalmente desconocido para todos) se vuelve pronto de lo más prosaico, en cuanto sale a relucir la cochina pasta (la de los billetes, no la de los espaguetis…) y el guionista se dedica a tapar las vías de agua como buenamente puede: cabría hacer la metáfora economicista: hay que cuadrar el balance a martillazos… En cuanto a la dirección, Eugenio Mira es un cineasta de todavía corta filmografía, pero con cierta tendencia al efectismo más bien gratuito. Grand Piano, entonces, se convierte en un festival de planos recargados, de planificación excesiva aunque con frecuencia insolvente (esa escena final en la estructura superior de las bambalinas, que no se puede filmar peor), incluso de montaje lamentable.

Mira ya había intentado hacer cine “a la americana” en 2004 con The Birthday, en la que contó con Corey Feldman y otros actores segundones de aquella tierra. Director de la segunda unidad de Lo imposible y actor en Luces rojas, dos envites de nuestro cine que ponían su objetivo en el público internacional, está claro que Eugenio Mira también participa de la acertada especie de que el cine español de hogaño ha de buscarse también las habichuelas fuera; la idea es excelente, su plasmación en hechos concretos no tanto.

Además, como si fuéramos un país de segunda división (de acuerdo, lo somos), los actores de cierto relumbrón que encabezan el reparto, vale decir Elijah Wood (el inolvidable Frodo de la trilogía de El Señor de los Anillos) y el versátil John Cusack (que igual hace de Nixon en El mayordomo que de un sosias joven y balbuciente de Woody Allen en Balas sobre Broadway) van con el piloto automático puesto: Elijah con su habitual cara de angustiado (lo que padece este pobre en casi todas sus películas…), y John con cara de “qué-carajo-hago-yo-aquí-y-donde-está-mi-pasta-que-me-voy”…

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90'

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Grand piano - by , Nov 02, 2013
1 / 5 stars
Miedo escénico bajo presión