Película: Grizzly Man En el año 2003, un hombre y su novia, que vivían en una reserva natural en Alaska, fueron matados por un oso. Este trágico hecho hubiera tenido su eco sólo en la página de sucesos del periódico local o, como mucho, en la televisión de la población de la que eran originarios el muerto y su compañera. Pero resultó que el difunto, de nombre Timothy Treadwell, llevaba varios años conviviendo con los osos en aquel parque nacional y, lo que es mejor, filmando gran cantidad de material sobre esa convivencia. En esas cintas, Timothy se revelaba como un hombre profundamente apasionado por la vida animal, de una forma no científica, sino sencilla y llanamente sentimental, emotiva. Ese material gráfico cayó en las manos del cineasta alemán Werner Herzog, y sobre su vida, y su muerte, rodó este documental, “Grizzly Man”, tan peculiar como casi todo su cine.
Herzog opta por la vía de mezclar las imágenes originales de Treadwell con sus propias imágenes, entrevistando a sus padres, a sus amigos, a la gente que conocía a este hombre tan peculiar. Como suele ocurrir en estos casos, lo grabado por el malogrado naturalista excede con mucho el interés del resto del metraje, más en la línea de “Ésta es su vida”. Porque Treadwell, digámoslo ya, estaba como una chota. Desde luego, una chota manifiestamente inofensiva y de las que nos encantaría tener muchas en este mundo, en el que tanto abundan las chotas asesinas. Según se cuenta, fue un joven tarambana, coqueteó con las drogas y, finalmente, tras una sobredosis de la que salió milagrosamente vivo, viajó a Alaska donde se enamoró de aquel paisaje abigarrado de blancos, verdes y ocres, y de los osos grizzly, a los que decidió dedicar el resto de su (el aún no lo sabía) corta vida.
Esos planos del bueno de Timothy hablando solo a la cámara, como un pasmarote, con su flequillo rubio (qué lejos del rudo trampero al que nos tiene acostumbrado el cine clásico), su pinta de niño bueno, su pluma apenas reprimida y sus carajotadas sobre lo mucho que quiere a los animales, son seguramente lo mejor de este documental sobre un hombre que sacrificó, literalmente, su vida por aquello que quería hacer en su existencia: convivir, hasta la muerte, con la tan viva y pujante naturaleza de Alaska. Herzog actúa como notario, pero en este caso el raro no es él (como suele ocurrir), sino su biografiado, consiguiendo un filme irregular, sin duda estimulante, en el que el propia cineasta alemán se implica a fondo, como si el esfuerzo y el ejemplo de Treadwell le movieran a encenagarse emocionalmente con este empeño, tan disparatado comercialmente como artísticamente excitante.

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105'

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Grizzly Man - by , Aug 23, 2006
3 / 5 stars
Muerte entre las nieves