Película: Grupo 7 La idea, a priori, era interesante: un thriller de acción ambientado en los años previos a la Expo'92 en Sevilla, visto desde la perspectiva de un grupo de (más o menos) élite, formado dentro de la Policía para atajar el grave problema de la delincuencia asociada a la droga. Pero suele ocurrir con más frecuencia de la deseada que del dicho al hecho hay mucho trecho, y la nueva película de Alberto Rodríguez, este Grupo 7, no termina de colmar las expectativas despertadas.

Veamos: probablemente el error esté en el guión (sí, ya lo sé, según los académicos ahora debe escribirse sin acento, pero en eso –aunque no en otras muchas cosas-- estoy con Pérez-Reverte, y proclamo mi insumisión a las nuevas, y tan arbitrarias, normas ortográficas), que nos sumerge de entrada ya en este grupúsculo de policías que parecen tener, como Harry el Sucio, maneras más que expeditivas, colindantes con el crimen, para atajar el delito. Nada sabemos de sus orígenes, ni de sus relaciones, más allá de algún momento de relax en el bar del barrio. Al principio parece que el joven (un Mario Casas haciendo su papel de siempre) está por la labor de actuar de forma legal y conforme a las reglas, en contra del poli más mayor (un Antonio de la Torre muy inferior a otros magníficos personajes que nos ha regalado), al parecer traumatizado por la muerte de su hermano drogadicto, que intenta penar sin consuelo, y que le hace tratar a traficantes, yonquis y demás deshechos con una violencia inusitada.

Pero en el transcurso del metraje se va produciendo un intercambio de roles, aunque desconocemos por qué razones: parece que este cambio de papeles viene dado por el acoso al que es sometida la familia del poli bueno (Casas) por parte de la mafia del narcotráfico sevillano, y por el otro, por el nuevo trauma al que se verá sometido el hasta entonces poli malo (De la Torre) al volver a tropezar de nuevo en la misma piedra y darse cuenta de la imposibilidad de redimir, ni siquiera de redimirse.

Eso parece, aunque los signos que nos llegan para que lo supongamos son pocos y no precisamente bien dados. Los puntuales enfrentamientos con el Jefe de Policía tampoco son precisamente brillantes, deseosos los guionistas de dar una imagen nefasta del jerarca, que aparece siempre como un prepotente, un medrador, un trepa, un aprovechado. Hay errores de guión como la relación entre otro de los policías del grupo, Mateo, con la prostituta La Caoba, que aparece de buenas a primeras, sin darnos pista alguna de por qué el poli barrigón, casado y con niños en edad de hacer la Primera Comunión, como por arte de magia, empieza a tener algún tipo de interés, incluso más allá del puro sexo, por este putón ya entradito en años, de dientes desparejos y pasado como para echar a correr y no parar.

No han estado finos Alberto Rodríguez y su habitual guionista Rafael Cobos. Sí lo estuvieron en su anterior empeño, After, un filme extraño pero cuyo libreto encajaba como un Exin Castillos. Aquí hay incoherencias, cabos sueltos, inverosimilitudes, inexactitudes. Ello por no hablar del anacronismo de las imágenes de los prolegómenos de la Expo, que en todos los casos se adelantan al menos dos años sobre lo que realmente ocurrió. Porque en 1987, cuando se inicia el filme, en Sevilla no se había movido ni un metro cuadrado de tierra para la Exposición Universal, y en los años siguientes las obras fueron a remolque del tiempo, siempre mucho después de cuando debieron iniciarse.

En cuanto a la dirección, las escenas dramáticas funcionan con solvencia, como es habitual en Rodríguez, si bien las de acción son bastante inferiores, aparte de parecer que las persecuciones están distribuidas a lo largo del filme para que cada rato haya alguna, ya sea corriendo (ese Casas, que si le han pagado por metro recorrido, habrá ganado un pastón...) o en coche. Alberto Rodríguez nos ha demostrado ya que es un director solvente, un profesional capaz de cualquier empeño (sin ir más lejos, ser un sólido realizador de seriales televisivos, como ha hecho en varios episodios de Hispania); sin embargo, en Grupo 7, su puesta en escena en las escenas de acción adolece de falta de credibilidad y exceso de violencia gratuita, como si el director estuviera empeñado en hacer un master acelerado e innecesario en tarantinismo.

Lo decíamos al principio: la idea, excelente; su plasmación, defectuosa. Aún así, quedan algunos momentos notables, como el postrer enfrentamiento del personaje de De la Torre con la yonqui a la que acoge en su casa; por supuesto, la factura es impecable, con una ajustada fotografía de Álex Catalán, de descarnados tonos naturalistas. Aciertos parciales que, sin embargo, no consiguen enderezar lo que podría haber sido un estimulante thriller en la pre-Expo sevillana.

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96'

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Grupo 7 - by , Apr 08, 2012
2 / 5 stars
Poli bueno, poli malo (o viceversa...)