Película: Guantanamera

Para entender cabalmente Guantanamera hay que retroceder hasta 1993, dos años antes de su estreno, para encontrar sus orígenes; en aquel año se rueda, en Cuba, Fresa y chocolate, con dirección de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. Ese filme, que tocaba con tacto y buen hacer un tema tabú en la isla caribeña, la homosexualidad y su represión dentro del régimen castrista, supuso uno de los más importantes fenómenos sociológicos sucedidos dentro de Cuba, donde se constituyó enseguida como un referente y un test para comprobar la tímida apertura del sistema, pero también en el resto del mundo, sobre todo en el hispanohablante. En España fue uno  de los grandes éxitos de la temporada, y caló muy hondo en la sociedad: era una historia, contada desde la sinceridad, que propiciaba el encuentro de formas muy distintas de ver el mundo, el arte y la doctrina, el eros prohibido y el ansia de conocimiento.

De aquel afortunado filme surge, dos años más tarde, Guantanamera. No puede decirse que en ella se atacara al gobierno de Fidel, pero también es cierto que su visión no es precisamente benévola para con el sistema dominante en la isla caribeña. Narran Alea y Tabío, con guión propio más el concurso de Eliseo Alberto, una historia coral que tiene puntos de encuentro con parte del cine anterior de Alea, fundamentalmente con Muerte de un burócrata, aquella ácida muestra del esperpento cubano sobre las lacras del funcionarismo a ultranza que pronto se haría con los resortes del poder.

En esta nueva película, Alea y Tabío afrontaron el tema de la escasez de recursos en la isla mediante una cierta parábola de humor negro: cuando una anciana muere, en un encuentro con un viejo amor, en Guantánamo, y se conoce su deseo de ser enterrada en La Habana, habrá de montarse un dispositivo cuasi militar para llevar el cadáver a través de toda la isla; con el racionamiento de gasolina, los burócratas de turno (de nuevo el Alea de siempre...) han decidido que el furgón fúnebre sólo puede desplazarse por su provincia, por lo que, para pasar de una a otra, hay que cambiar de vehículo. Alrededor de este follón de ataúdes volantes girará una serie de personajes de toda laya, en buena medida un microcosmos de lo que es la Cuba de los años noventa, desde el funcionario que quiere medrar a costa de cumplir las consignas del gobierno y del partido, aunque en el fondo sea un pobre infeliz que nunca llegará a nada, hasta su mujer, magníficamente preparada intelectualmente pero desaprovechada precisamente por su sexo, pasando por un camionero rijoso, un buen número de chicas deseosas de irse a La Habana, y decenas de cubanos que sobreviven de las formas más insospechadas dentro de una situación que ya entonces corría galopante hacia la miseria, tras ser abandonada la isla a su suerte por la caída de los regímenes comunistas del Este de Europa y ser atornillada aún más su precaria economía por el reforzamiento del bloqueo estadounidense, en una decisión que, como es habitual en estos casos, perjudica enormemente al pueblo pero no hace mella en el dictador de turno.

Guantanamera, a pesar de su paisaje y su paisanaje, no es una película de denuncia sino, fundamentalmente, una comedia agridulce. No se hace “sangre política”, pero surte efectos retardados: esos camiones que son obligados a parar en la carretera para que transporte a decenas de cubanos que esperan para trasladarse de un lugar a otro, como gigantescos taxis industriales; esos pequeños restaurantes caseros que afloran por todas partes, como forma de sobrevivir en la indigencia; esos dolientes que en el funeral discuten por los bollos a los que tienen derecho... suponen, en su conjunto, una visión desolada de la realidad de la isla, más allá de que sea en el marco de una comedia o de un drama. Por supuesto, las causas de que se haya llegado a tal situación pueden tener distintas visiones, pero ahí queda la realidad.

Filme coral, espléndidamente dirigido desde la sapiencia de Alea, un viejo zorro que ya estaba herido de muerte, y desde la juventud y la claridad de ideas de Tabío, que supo en todo momento encontrar un punto común con su compañero en la dirección, como ya hicieran en su anterior y exitoso empeño, Guantanamera se beneficia también, sin duda, de un excelente trabajo actoral, contando con lo más granado del cine cubano de la época, desde un Jorge Perugorría en un papel diametralmente opuesto al que interpretaba en Fresa y chocolate hasta una Mirta Ibarra espléndida, llena de matices, en el papel de la mujer de mente bien amueblada, sin embargo preterida con respecto a su marido, a pesar de ser muy superior intelectualmente a éste, por la mera razón de su condición femenina. El filme tiene un diseño de producción, una factura impecable, con técnicos de primerísima línea, fundamentalmente españoles, desde el director de fotografía Hans Burmann hasta el músico José Nieto o la montadora Carmen Frías, que hacen de Guantanamera una película de temática plenamente cubana pero desarrollada con una técnica totalmente española.

La película volvió a dar en la diana, tanto en el favor popular (fue una de las que mayor recaudación obtuvo en su año en España y Cuba) como en el apoyo de la crítica, y confirmó la validez de este tipo de producciones entre los dos países, abriendo camino a sucesivas colaboraciones de esta índole.


Género

Nacionalidad

Duración

105'

Año de producción

Guantanamera - by , Jan 15, 2015
3 / 5 stars
…de donde nace la palma…