Película: Habitación en Roma

Definitivamente, parece que Medem ha perdido los libros, o al menos, atraviesa un bache creativo considerable. Tras la cima de su cine, que se puede considerar, sin temor a equivocarse, Los amantes del Círculo Polar, el cineasta donostiarra realizó la interesante pero inferior Lucía y el sexo, volvió a pinchar con la sectaria visión del problema vascongado en La pelota vasca. La piel contra la piedra, y terminó de perder los papeles en su anterior Caótica Ana.


Ahora, con esta Habitación en Roma, Medem explora nuevos territorios antes apenas esbozados: fundamentalmente, el amor lésbico, conceptual pero también físico, con dos mujeres que pasan juntas una única noche en la habitación del título; una, la española, es lesbiana desde que tiene uso de razón, la otra, de nacionalidad rusa, es teóricamente hetero, pero indaga en las tibias aguas de la seducción de la piel suave (Truffaut, siempre Truffaut…), de un sexo sin penetración ni violencia.


En ese escenario de jadeos sin reprimir y muchos centímetros de cálida epidermis a la vista, ambas se contarán sus historias, trufadas inicialmente de mendaces inventos, para progresivamente irse abriendo una a la otra; la española, lacerada por una íntima tragedia que la acompañará mientras viva; la rusa, demediada con su hermana gemela, dos mujeres iguales, tan distintas sin embargo.


Pero el conjunto, que se quiere poético, no termina de levantar el vuelo nunca, lastrado por un guión que lleva por los derroteros que le place al director (autor a su vez del libreto), sin parar en verosimilitudes ni otras zarandajas.


Y es que, debe haberse dicho el cineasta vasco, los poetas no necesitamos credibilidad, sino poesía. No seré yo el que le niegue la mayor, pero lo cierto es que La noche oscura de San Juan de la Cruz, por poner un ejemplo evidente, es poesía, pero sólo requiere papel y lápiz (o pluma de ave, como se escribía en el siglo XVI), pero en el cine, que es un arte fundamentalmente narrativo (aunque ahora haya quien piense otra cosa), la cosa es bastante más compleja y se requiere un mínimo de verosimilitud para que la película funcione.


Para entendernos, al poeta en literatura le basta su musa, algunos elementos básicos materiales y alguien que le lea y se conmueva; en cine, el poeta lleva necesariamente a cuestas un equipo como un ejército, y consume recursos económicos como para mantener a un pueblo durante un mes. Así que las licencias poéticas no son gratis; además, en literatura, si el vate se da cuenta de que su poema no vale, le basta con arrojar la hoja a la papelera; pero en cine, lamentablemente, no se pueden tirar los rollos de película a la basura.


Así las cosas, Habitación en Roma resulta ser un estomagante intento de hacer poesía con la cámara, con una única situación que termina cansando, por más que Medem introduzca algún elemento humano externo, como el patético papel que le endosa a Enrico LoVerso, el único hombre del elenco artístico, eminente en tantas películas, sobre todo algunas de Gianni Amelio, reducido aquí a un personaje anecdótico, casi un hombre-objeto.


La otra incursión externa, el deuvedé en el que aparece la amante vasca de la española, suena a postiza, a escena metida con calzador para justificar que se oigan algunas palabras en euskara. De esta forma, la película se hace premiosa, morosa y enojosa, y algunas otras palabras no necesariamente terminadas en el sufijo “-osa”, como petulante y en alguna ocasión ridícula (lo que viene sucediendo en Medem desde el principio de su carrera, incluso en sus mejores empeños): véase, por ejemplo, el traviatesco Libiamo que se marca Enrico LoVerso, sin venir a cuento, en una de las escasas escenas que aparece en pantalla.


Sólo en dos momentos brilla el mejor Medem, y ello resulta ser, curiosamente, al principio y al final del filme, cuando las dos que aún no son amantes, y que después no lo serán más, aparecen en pantalla, vistas desde un plano cenital tomado desde la propia terraza donde aún no han pasado su noche de amor y psicodrama, que dará lugar a entrar en la estancia que no volverán a abandonar hasta que, horas después, con la luz del sol, se despidan para siempre, de nuevo filmadas desde arriba, para comenzar un (falso) travelín hacia atrás que lleva la imagen (gracias a la tecnología de Google Earth: para que digan que Internet no tiene nada que aportar al cine…) hasta un plano de la mismísima Tierra, hogar y útero materno de estas dos mujeres que se conocieron, se amaron y se abandonaron, y que tuvieron más interés en su enunciado que en su plasmación cinematográfica.


 


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109'

Año de producción

Habitación en Roma - by , Sep 29, 2015
1 / 5 stars
Perder los libros