Película: ¿Hacemos una porno?

No, si al final va a resultar que Kevin Smith es un romántico… Descubierto hace ya casi tres lustros con aquella cosa tan graciosa y desvergonzada titulada Clerks, hecha con (literalmente…) tres perras gordas y mucha imaginación, este cineasta neoyersino ha venido cultivando desde entonces lo que podríamos considerar variantes sobre el mismo tema; quizá sólo se apartó un poco (no demasiado…) en Dogma, donde se atrevió nada menos que a poner en imágenes a dos ángeles, y hasta a Dios, con la cara de Alanis Morissette (que ya es inventiva…). Pero en el resto de su filmografía, generalmente, ha transitado por la comedia deslenguada, con mucho sexo oral (vamos, sexo hablado, para evitar engorrosos equívocos…) pero poca carne, “sensu estrictu”, en el asador.


Smith siempre ha sido un buen dialoguista, con esa chispa especial que hace que una película suya nunca resulte pesada aunque sus personajes se lleven todo el tiempo hablando (o sea, justo lo contrario de lo que conseguía Garci en Asignatura aprobada…). Claro que la utilización “ad nauseam” de los mismos recursos, con “ex abruptos” sexuales y situaciones infantilmente epatantes, llevan al cansancio, aunque los diálogos sigan siendo buenos. Eso es lo que ocurre con este ¿Hacemos una porno?, donde Smith parece que, cansado de que le reprochen que en sus películas, tocante a sexo, “por la boca muere el pez” (vamos, que no se “rasca” nada…), ha decidido poner a sus criaturitas en una situación económica límite que les lleve al disparate de rodar un porno casero para salir de las penurias (y, de paso, alegrar las pajarillas del protagonista, más caliente que el palo de un churrero).


Pero (hay que joderse –con perdón, dado el tema--, siempre hay un “pero”…) resulta que Smith se nos revela como un sentimental encubierto, un romántico que plantea esta historia supuestamente rijosa entre dos amigos, chico y chica, ella treintañera larga, con una belleza modesta, como de maestrita rural; él, un paradigma del antierotismo: feo, gordo, hirsuto, mal hecho… a su lado, el jorobado de Notre Dame es George Clooney… Pues como dicen que el amor es ciego (y en este caso con evidentes signos de retraso mental…), ya se imaginan quién está por quién, y quién se enamora de quién… Así que al final, lo que debía ser unas rijosas sesiones de sexo desenfrenado se queda en una más bien pacata versión algo “heavy” de La cenicienta, sin madrastra pero con calabaza (para la ocasión, las vestimentas vulgarmente eróticas de la protagonista) y cuyas rituales doce de la noche resultan ser las seis de la mañana, cuando los actores de este porno del tres al cuarto han de abandonar su precario plató, por llamarlo de alguna forma…


Así las cosas, parece que Kevin Smith no termina de arrancar; se dice que Fellini siempre hacía la misma película, pero es evidente que Smith no es el maestro italiano, y que seguir siempre con la misma historia, con variantes, terminará por llevar al neoyersino a un callejón sin salida; eso sí, seguro que en ese callejón se dicen muchos tacos…


 


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101'

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¿Hacemos una porno? - by , Oct 19, 2014
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¿Por qué le llaman sexo cuando quieren decir amor?