Película: Hardcore Henry

Cada vez más, las nuevas tecnologías son una forma de llegar al cine comercial al uso. La historia de cómo nace esta Hardcore Henry es casi más interesante que la película misma. Su director y guionista, el músico ruso Ilya Naishuller (cuya formación, en parte, tuvo lugar en el Reino Unido), rodó en 2013 un corto de poco más de cuatro minutos, titulado Bad Motherfucker Biting Elbows (pinchar aquí para verlo), que tuvo en YouTube más de 30 millones de visitas. Se hizo eso que ahora se llama “viral”, y tuvo elogios de gente como el director norteamericano Darren Aronofsky y el cineasta kazajo (afincado en Rusia y después en Estados Unidos) Timur Bekmanbetov, autor de filmes interesantes, como Wanted (Se busca) (2008), aunque también de blockbusters de plástico (una vez que parece que Hollywood lo ha abducido irremediablemente) como Abraham Lincoln, cazador de vampiros (2012), y del lamentable “remake” de Ben-Hur (2016). El kazajo, también productor, le propuso a Naishuller rodar un largometraje con la misma idea de aquel corto, a la sazón, una historia de acción contada en primera persona, con permanente cámara subjetiva del protagonista.

El músico ruso aceptó, y el resultado es esta Hardcore Henry, en la que, en un Moscú atemporal, un cyborg despierta tras ser (supuestamente) recompuesto por una científica; sus brazos y piernas son ahora ortopédicas, imposible de distinguir de las auténticas, pero mucho más fuertes que las de carne y hueso, y funciona gracias a una batería que lleva alojada en el pecho. El villano de turno, un tipo con capacidades telequinésicas (vamos, que puede mover objetos a su voluntad con la sola fuerza de su mente), irrumpe en el laboratorio con intención de secuestrar al cyborg recién nacido, cuando aún no le han implantado el módulo de voz y por tanto no puede hablar. Con la ayuda de la científica (que dice ser la esposa del protagonista), el cyborg escapa…

Tenemos escrito, y no nos arrepentimos, que lejos de despreciar los nuevos lenguajes que nos han traído las novísimas tecnologías, como podría ser el videojuego, el cine ha de aprender a hacerlos suyos y sacarles partido, como ha hecho siempre: el cine es un arte de aluvión, capaz de fagocitar para su provecho elementos del teatro, la novela, la poesía, la escultura, la arquitectura, la danza, la fotografía, la música… Todo cabe en el cine, y todo lo ha hecho suyo el cine. También el videojuego puede ser, debe ser absorbido como lenguaje por el cine, y más temprano que tarde esa aportación se revelará valiosa. Pero parece que no ha llegado aún el momento…

Porque lo cierto es que, tras la primera sorpresa de ver un filme rodado en todo momento con cámara subjetiva (no es la primera vez, desde luego, que se hace en cine; véase, por ejemplo, La dama del lago, rodada por Robert Montgomery en fecha tan lejana como 1947, y que se reputa la más antigua cinta rodada íntegramente bajo el punto de vista del protagonista), después el filme se convierte en una suerte de videojuego en el que el protagonista habrá de ir matando marcianitos, uy, perdón, matones a sueldo del Malo, para conseguir salvar la vida y descubrir la verdad sobre su existencia. A pesar de que la solvencia técnica, tanto en efectos especiales y visuales como, sobre todo, en el equipo de especialistas, es extraordinaria, llega un momento en que cansa tanta balacera, tanta masacre, tanta explosión, tanta llamarada, tanta acrobacia de saltimbanqui, y llegado ese punto, se empieza a perder interés en la trama.

No es Hardcore Henry una película despreciable, ni mucho menos. Al margen de sus notabilísimas virtudes técnicas, en un alarde pocas veces visto, lo cierto es que en la historia que se nos cuenta hay cosas curiosas, como el personaje de Sharlto Copley, que parece investido de esa virtud gatuna de las siete vidas, porque el tío, muerto y requetemuerto, vuelve a aparecer constantemente de nuevo vivito y coleando como si nada, en una suerte de revisión a lo bestia del concepto de muerte y resucitación; además tiene la facultad de la clonación, con diversas apariencias y habilidades, lo que permite una multiplicación de personalidades de lo más peculiar. La propia ambientación en un plomizo, atemporal Moscú, o la extravagancia en los decorados y localizaciones, como el lujuriante burdel que parece salido de Eyes Wide Shut, son también datos en su haber.

Pero el conjunto, lastrado por la cansina y unívoca perspectiva del protagonista, termina fatigando y haciendo interminable lo que no es sino un metraje estándar, poco más de hora y media. Así las cosas, habrá que seguir la huella de este Ilya Naishuller, quien es evidente tiene buenas ideas, pero que habrá de ir puliendo si quiere llegar a ser, de verdad, un cineasta a tener en cuenta.

Entre los intérpretes (aparte del sufrido protagonista, para el que se rotaron varios especialistas, aunque también el propio director) destacaremos al surafricano Sharlto Copley, uno de los más curiosos y camaleónicos actores surgidos en los últimos años, que saltó a la fama con Distrito 9 (2009), para después rodar incluso con Matt Damon en Elysium (2013), Angelina Jolie en Maléfica (2014) y Hugh Jackman en Chappie (2015). Y Tim Roth, que tiene un papel que entra directamente en la categoría de cameo, dos intervenciones de poco más de diez segundos cada una.


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96'

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Hardcore Henry - by , Oct 26, 2016
2 / 5 stars
Sugestiva pero interminable