Película: Harry Potter y la Orden del Fénix Era de prever: David Yates, el director del quinto capítulo de la serie de Harry Potter (y lo que es peor, también el de la siguiente entrega, según se anuncia), no era el más adecuado para la más pujante saga juvenil de principios del siglo XXI. Yates posee un mediocre currículo plagado de trabajos para televisión, en ninguno de los cuales descolló, por lo que se hace extraño saber qué vieron en la Warner para contratarlo (y con rebote, como en gimnasia...). Efectivamente, toda la primera parte resulta desvaída, sin personalidad, fiando el cineasta en el conocimiento que el espectador tiene ya de los personajes antes que en una auténtica progresión de la trama. Es cierto que Harry Potter y la Orden del Fénix, en su versión literaria, es la más floja (junto a la segunda entrega Harry Potter y la Cámara Secreta) de la serie imaginada por J.K. Rowling, pero también lo es que de malas novelas se han hecho magníficas películas: el caso de La dama de Shanghai es recurrente. Yates se limita, durante los primeros cien minutos, a poner en imágenes las nuevas aventuras del pequeño (bueno, ya no tanto...) mago: su ingreso en la Orden del Fénix, tras ser atacado en las tranquilas calles de Londres por los dementores; la negativa ministerial a creer en el regreso de Voldemort, según el relato de Harry; la imposición en el colegio de Hogwarts de una suma inquisidora, Dolores Umbridge, que terminará sustituyendo al mismísimo Dumbledore, la figura paterna de la saga; la creación del Ejército de Dumbledore, con el adolescente Potter como maestro; el primer beso con Cho, a la sazón la novia del chico Cedric, que moría en el anterior capítulo, tan próximo a Harry. Todo ello dado de una forma cansina, sin ritmo, sin ese tono entre alegre y desasosegante que caracterizó a los dos primeros capítulos, e incluso al tercero. Menos mal que, a partir del momento en que los gemelos Weasley deciden hacer de mangas capirotes (qué sentido alcanza, en este caso, tal frase hecha...), Yates parece animarse y el último tramo del filme cobra fuerza y pujanza, como si hubiera estado aguardando para sacar sus mejores galas: se desarrollan entonces escenas brillantes como la defección de los gemelos en plenos examenes de los TIMOS (que debe ser como la Selectividad de aquí, pero con más pociones...) y, sobre todo, la secuencia clave que se desarrolla en la estancia secreta del Ministerio de Magia, con un escenario visualmente muy brillante, con altísimos estantes que conforman un abigarrado almacén de profecias encerradas en extrañas bolas encendidas, y que desembocará en la bien estructurada y fácilmente seguible (ambas virtudes tan escasas actualmente en las escenas de acción) secuencia de la lucha entre Voldemort y sus mortífagos, por un lado, y Dumbledore y su ejército de aprendices de mago, por otro. Pero no es suficiente, evidentemente, con un final brillante: el conjunto confirma que la saga no está en su mejor momento cinematográfico. Daniel Radcliffe ratifica sus limitaciones como actor, por mucho que haya obtenido buenas críticas en su debú teatral el Equus de Peter Shaffer; Emma Watson, el rostro de una Hermione Granger ya con curvas de muchachita, se perfila como la que probablemente sea la más talentosa de las nuevas estrellas descubiertas por la saga; no se puede decir lo mismo de Rupert Grint, el pecoso y pelirrojo Ron, que no parece vaya a llegar muy lejos en su faceta de actor. Entre los mayores, da gusto encontrarse siempre con una sorpresa, como en este caso la espléndida Dolores Umbridge que compone la veterana Imelda Staunton, en un personaje ciertamente odioso que ella hace inolvidable. El resto sigue a la altura habitual, con poderosa gente de la escena inglesa como Michael Gambon, Maggie Smith o Helena Bonham Carter; eso sí, Emma Thompson parece salida de una representación teatral de fin de curso de instituto... ¿No había otro papelito para esta, por lo demás, excelente actriz?
Harry Potter y la Orden del Fénix - by , Jul 14, 2007
2 / 5 stars
De menos a más