Película: Hellboy II. El Ejército Dorado Vuelve Guillermo del Toro al universo Hellboy, que ya transitó en 2004, aunque entonces con un resultado en taquilla no especialmente bueno. Habrá que considerar entonces que Universal, la “major” que la produce, ha dado una rara segunda oportunidad al mexicano; ya se sabe que en Hollywood, tanto rindes en taquilla, tanto vales. El resultado no se puede decir que haya sido mejor que la primera parte, aunque tampoco peor, como afirma, no siempre con razón, el aforismo español: “nunca segundas partes fueron buenas….”.

Aquí la amenaza contra los seres humanos viene de un pueblo de fantasía que, según la leyenda, cohabitó la Tierra en tiempos primordiales para después llegar a un pacto con la Humanidad para vivir en paz, nosotros sobre la faz del suelo, ellos en un universo paralelo, también en el tercer planeta solar. Cuando el príncipe díscolo se revele contra el Rey, su padre (¡ay, Edipo, siempre Edipo…!), para recuperar el invencible Ejército Dorado (un ominoso, numeroso, portentoso grupo de soldados-robots, inexpugnables, impíos, inmisericordes), la suerte de la Humanidad estará echada; que en esas condiciones tenga que ser un héroe monstruoso como Hellboy el que nos saque las castañas del fuego no deja de tener su gracia, incluso su justicia poética.

Quizá ése sea el rasgo más distintivo del héroe imaginado por Mike Mignola: mientras la inmensa mayoría de los superhéroes (sí, ya lo sé, salvo Hulk y La Cosa, éste último uno de los 4 Fantásticos) son aerodinámicos, guapos, musculosos sin exagerar… en definitiva, cumplen a rajatabla los cánones de la belleza, masculina o femenina, de nuestros tiempos, Hellboy carece de atractivo “soft” alguno (otra cosa es si lo vemos desde el punto de vista “hard” o “macho man”, que entonces tendría su puntito…), y además es de un políticamente incorrecto que tira de espaldas; con frecuencia, literalmente…. Ese rasgo distintivo, sin embargo, se diluye a veces en esta segunda entrega de la serie, cuando Del Toro se ha visto obligado a introducir elementos fantásticos que no casan especialmente con el tono cáustico, socarrón, iconoclasta del superhéroe monstruoso: esos bichos enormes (y cuando decimos enormes, queremos decir gigantescos…), que parecen inventados por el chusco que decía aquello del “burro grande, ande o no ande”.

Tampoco funciona demasiado el tono a lo El laberinto del fauno que recorre a los antagonistas, desde el príncipe Nuada hasta los personajes del mundo de sus congéneres, tan parecidos a los del anterior filme de Del Toro que uno teme que, de un momento a otro, aparezca por allí Sergi López con su uniforme de militar franquista de los años cuarenta y se sume a las fuerzas del mal del príncipe…

Bien el “look” retro de la cinta, con ese agente jefe que le imponen a Hellboy (o Rojo, como todo quisque le llama), que parece enteramente Woody Allen con traje de buzo, un espectro textualmente lleno de humores imposibles que sirven para cosas inimaginables. Así las cosas, Guillermo del Toro parece estar actualmente en un laberinto: hace cine para la gran industria yanqui, con títulos como Mimic, Blade II o el díptico de Hellboy, pero también mantiene una línea más artística, más creativa, más independiente, con títulos como El espinazo del diablo o la mentada El laberinto del fauno (curiosamente, en esos casos en coproducción con España). No le será fácil mantener el equilibrio entre una y otra, pero, mientras le funcione, ¿por qué preocuparse? Claro que nos gustaría que su cine se acercara siempre al del brillante, innovador, imaginativo autor de aquella pequeña joya del “fantastique” que fue Cronos, pero tal vez, como dice también el aserto hispano de otro chusco (¿o era el mismo?), “lo que no puede ser, no puede ser, y además, es imposible…”.

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120'

Año de producción

Hellboy II. El Ejército Dorado - by , Sep 13, 2008
2 / 5 stars
Guillermo en su laberinto