Película: Histoire d'un crime El parisiense Ferdinand Zecca no tuvo la altura creativa de un Georges Mélieès, ni la capacidad para la ordenación de una sintaxis cinematográfica de un D.W. Griffith, ni la genialidad proteica de un Charles Chaplin o un Buster Keaton, pero, a su manera, también contribuyó apreciablemente a la creación de un arte, el cine, que a principios del siglo XX, cuando hizo toda su filmografía, estaba aún en mantillas.

Zecca, nacido en familia de artistas, se sintió interesado pronto por la nueva técnica del cinematógrafo, y a partir de primeros de siglo realizó un buen número de cortos para la Pathé, hasta que a mediados de la década de los diez fue enviado a Estados Unidos como delegado comercial de esa productora y dejó de hacer cine.

Pero entre tanto Zecca aportó algunas joyitas como esta balbuciente Histoire d’un crime, que se quería un alegato contra el alcoholismo, que podía hacer que cualquier honrado padre de familia entrara en la senda de la delincuencia y el crimen. Organizada en seis actos, todavía a la manera del teatro (entonces el cine no era otra cosa que una cámara delante de un escenario y unos actores que gesticulaban para hacer comprender sus papeles sin diálogos), la peliculita de Zecca muestra sucesivamente la escena del crimen propiamente dicha, cuando un ladrón apuñala a un empleado de banca para robar una caja fuerte, después será detenido en lo que parece un lupanar, mientras alterna con fulanas (de la época: vestidas de la cabeza a los pies…) y trasiega alcohol sin tasa; posteriormente le muestran en la Morgue el cuerpo del hombre al que ha matado, ante lo que se derrumba (literalmente: se tira al suelo) y confiesa su crimen; juzgado y condenado, en su celda, mientras parece dormitar en su lecho, el recluso recordará su vida como probo padre de familia hasta que el alcohol lo enloqueció y lo dirigió hacia el mal; posteriormente veremos cómo es llevado hasta la guillotina y allí es ejecutado, utilizando la técnica del “stop-trick” o truco de la parada, descubierta años antes por Méliès.

Por supuesto, Histoire d’un crime es de una ingenuidad rampante y está imbuida de un moralismo naif. Pero ello no quita que, en fecha tan temprana como 1901, Zecca, en uno de esos hallazgos que a veces tienen los profesionales que no se reputan artistas, aportara dos recursos cinematográficos fundamentales, que el tiempo nos ha hecho parecer corrientes, pero que en aquella época eran simplemente inexistentes. Por una parte, cuando el preso está en su celda, esperando el momento en el que lo ajusticien, recuerda pasajes de su historia, en lo que no deja de ser un rudimentario flash-back, un elemento que después sería cotidiano, pero que entonces prácticamente no se conocía; para más inri, esas imágenes en flash-back las vemos en el lienzo de pared de la propia celda del recluso, mediante sobreimpresión, con una técnica que, sabiendo que el cine llevaba sólo seis años de existencia, asombra por su calidad y solvencia.

La otra aportación fundamental de Zecca al cine en este filme es el descubrimiento del plano/contraplano, que explicaremos con un ejemplo: hoy día, en cualquier escena, es corriente ver a dos intérpretes dialogando, y el director nos muestra alternativamente la visión de uno con respecto al otro, y viceversa, generalmente cuando habla cada uno de ellos; eso se puede utilizar también para escenas sin personas que dialoguen, en plano general. Pues Zecca, en fecha tan temprana como 1901, nos ofrece un plano/contraplano en el último acto de su filme, cuando el condenado a muerte es llevado para ser ejecutado; en el penúltimo plano de la película, vemos una gran puerta, que parece ser la del penal donde está recluido; una vez abierta, vemos al fondo lo que parece (la calidad de la imagen no es buena) la siniestra efigie de la guillotina; acto seguido, y mediante un fundido encadenado (zarrapastroso fundido encadenado, es cierto) vemos el contraplano, justamente desde detrás de la guillotina y, al fondo, la puerta que habíamos visto en el plano anterior. Esto, que nos parece de lo más elemental, no lo era cuando se estaban dando los primeros pasos del cinematógrafo, cuando se buscaba un lenguaje propio. Recuérdese que el plano/contraplano es una técnica exclusivamente fílmica, pues no existe ni en novela, ni en fotografía, ni siquiera en teatro, que era la fuente de la que bebía entonces sin recato el cine.

Así que el modesto artesano, el profesional sin musas, el aplicado empleado de Pathé, también tuvo sus momentos de inspiración y aportó recursos fundamentales al cinema, recursos que después serían ordenados, y mejorados, y sublimados, por artistas mayores.

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Histoire d'un crime - by , May 11, 2013
3 / 5 stars
La intuición del profesional