Película: Historias de la edad de oro

En toda dictadura, por férrea que sea, los propios disparates del régimen (todo dictador es, “per se”, un lunático, alguien fuera de la realidad que sólo se quiere a sí mismo, y como mucho, a su más reducido núcleo familiar), genera situaciones cómicas que, sin duda, en el momento en el que se producen no hacen precisamente gracia: lo que provoca es miedo a la arbitrariedad del régimen, a los despropósitos de los jerarcas del partido, a los caprichos de la vesania del felón de turno. Pero es verdad que, con la distancia que da el tiempo y, sobre todo, la confortabilidad de hacerlo desde un sistema democrático, aquellas catetadas de los regímenes totalitarios, pueden tener su punto humorístico.


De esa premisa parte el guionista y cineasta rumano Cristina Mungiu, autor del espléndido drama 4 meses, 3 semanas, 2 días, que aquí cambia totalmente de registro para hacer una comedia de episodios, con seis capítulos que reflejan otras tantas leyendas urbanas de la Rumanía de la última etapa de Nicolae Ceaucescu, cuando el régimen comunista llegó a sus máximos históricos de desafueros, dislates y mamarrachadas.


Como suele ocurrir en todo filme de episodios, Historias de la edad de oro (irónico título que alude a esa época dorada con la que la propaganda oficial comunista motejaba los últimos quince años de gobierno del llamado Conducator), el conjunto es irregular, pues responde a las muy distintas visiones y, sobre todo, talentos de sus cineastas. Los guiones de todos los segmentos son del propio Cristian Mungiu, auténtico “factótum” del proyecto, pero el mejor de todos es, como cabía esperar, el último, el titulado La leyenda de los vendedores de aire, una historia semilunática sobre una pareja que da en sobrevivir mediante una artimaña que los emparenta con los pícaros españoles del Siglo de Oro. Como unos Rinconete y Cortadillo mixtos, estos dos buscavidas se ganarán la vida engañando a almas cándidas mediante la impostura de su pertenencia al Ministerio de turno, recabando muestras ¡de aire! en botellas suministradas por los pánfilos estafados, aunque lo sean en una misérrima suma.


Este episodio es el más cinematográfico, tanto por la alada (nunca mejor dicho…) materia argumental, como por la formulación fílmica, tan vigorosa, realista y directa como en la mentada 4 meses…, aunque con un tono muy distinto, donde una fina, sutil ironía lo impregna todo.


Los otros episodios son inferiores; para mi gusto, me quedo con el primero, La leyenda del activista político, con evidentes concomitancias con el clásico berlanguiano Bienvenido Mr. Marshall, aunque su resolución sea muy diferente, un bucle cuasi melancólico irresoluble. El segmento denominado La leyenda del fotógrafo oficial es ilustrativo de la paranoia por la información (mejor, la desinformación) de todo régimen totalitario, la obsesión por la latría al gerifalte máximo. Los otros segmentos son inferiores: el titulado La leyenda del policía avaricioso peca de reiterativa y machacona, algo pesada dada la escasa envergadura del tema y su alargamiento innecesario. La leyenda del transportista de gallinas carece de tema en sí mismo, y desde luego no mueve a la sonrisa, ni tampoco a la reflexión. En cuanto a La leyenda del instructor político entusiasta, tiene algunos detalles que (de nuevo) lo acercan a Berlanga, del que parece tomar cierto tono a lo Calabuch, pero sin llegarle a la altura de los zapatos al cineasta valenciano.


Curioso filme, por tanto, no redondo, como parecía lógico, teniendo en cuenta que cada director es de su padre y de su madre, aunque el texto original sea del (ya podemos decirlo) notable Mungiu. Aparte de, por supuesto, ofrecernos una visión no por humorística menos tenebrosa de los últimos años de gobierno del felón Ceaucescu, y servir como vacuna contra todo régimen totalitario.


 


Historias de la edad de oro - by , Aug 30, 2017
3 / 5 stars
Vendedores de aire