Película: Holy Motors Esta película se pudo ver en la Sección Special Screenings del Sevilla Festival de Cine Europeo 2012 (SEFF’12).

A Leos Carax le teníamos perdida la pista desde principios de los años noventa, cuando su ambiciosa Los amantes del Pont-Neuf fue un fracaso estrepitoso de público y crítica. Posteriormente ha hecho alguna cosa más, pero poco relevante. Ahora vuelve con bríos renovados con una inclasificable ¿comedia? ¿thriller? ¿musical? La verdad es que no se sabe muy bien cuál es su género, ni mayormente importa, la verdad sea dicha. La suya es una apuesta muy arriesgada: se trata de darnos casi dos horas de narración con escasos asideros, siguiendo impenitentemente a un sujeto que va siempre en limusina (sí, como el Robert Pattinson de Cosmópolis, pero éste es considerablemente más feo, aunque también mejor actor), guiado por una señora de elegante porte y edad provecta a la que el uniforme de choferesa le sienta muy bien.

El sujeto en cuestión, llamado Óscar por la conductora del vehículo, tiene nueve citas a lo largo del día; pronto lo veremos con muy diversos ropajes, maquillajes, peluquería, ejerciendo de pordiosera, de ser deforme a lo Quasimodo, de modelo para una grabación de “stop-motion”, de estrafalario asesino profesional…

Ciertamente la primera media hora es desconcertante, hasta que el espectador, con un poco de suerte, pilla la onda: el protagonista se dedica a realizar “performances”, puestas en escena previamente preparadas al más mínimo detalle, aunque se nos escapa para quién están realizadas. En un momento dado aparece (en la limusina, claro, que es su campamento base) el que parece ser su jefe, o al menos el contacto que el protagonista tiene con su empresa, para reprocharle, con suaves maneras, su paulatina pérdida de pasión interpretativa, lo que el protagonista achaca al hecho de que “las cámaras” son ya tan pequeñas que no las ve, y eso le hace pensar que no está siendo observado.

Debemos estar entonces ante un espectáculo que alguien escenifica para que otros lo vean, una suerte de evento voyeurístico de incierto público, pero ciertamente da lo mismo: lo curioso de esta peculiarísima Holy Motors es su continua forma de tomar cariñosamente el pelo al espectador, hasta que éste se percata de que todo es una “performance”, que por muy real que parezca una escena, tampoco es verdadera (obviamente, dentro del carácter irreal de cualquier ficción).

Filme sobre la apariencia de las cosas, es también una película que se adelanta a un problema que tendremos no tardando mucho: con la facilidad actual para digitalizar cualquier imagen, donde será posible prácticamente falsificar sin dejar huella cualquier vídeo, la credibilidad de la imagen caerá, me temo, en picado, hasta dejar de tener sentido el famoso dicho español de “verlo para creerlo”. Lo veremos, pero no podremos creerlo porque puede ser un fake, un fraude visual.

A Holy Motors se le han buscado parecidos con filmes de otros autores, desde George Franju (esa escena final con la choferesa poniéndose una máscara que recuerda a Los ojos sin rostro) hasta David Lynch (valdría cualquiera de sus películas --salvo tal vez Dune-- e incluso su famosa serie Twin Peaks), pero realmente creo que el único parecido es consigo mismo, con el universo extraño, patológico, que Carax ya esbozó en filmes como Mala sangre o la mentada Los amantes del Pont-Neuf.

Holy Motors no es cine complaciente; es posible que el espectador que no entre en el juego salga de la sala (o apague el monitor de televisión, ordenador, tableta, etcétera) echando espumarajos por la boca, creyendo que se están burlando de él; nada más lejos de la realidad; es una película, pero es también un experimento sobre la necesidad de dejarse llevar por las imágenes, no tanto por su significado narrativo como por las impresiones que nos provoca, y una reflexión sobre qué es verdad y qué es mentira, o su apariencia.

Denis Levant, actor-fetiche de Carax, hace un soberbio trabajo en este personaje que se desdobla en hasta once roles distintos; entre los demás nos quedamos con un siempre estupendo Michel Piccoli, leyenda viva del cine francés.

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115'

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Holy Motors - by , Nov 16, 2012
3 / 5 stars
Alucinando en colores